Nueva ley de inocuidad impone desafíos a exportadores chilenos

Los actores del rubro se encuentran en proceso de implementar acciones que les permitan cumplir con las siete normas incluidas en una ley enfocada en la prevención.

Por Catalina Jofré

El 4 de enero de 2011, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, firmó la Ley de Modernización de Inocuidad de los Alimentos (FSMA por sus siglas en inglés). Este acto dio luz verde a un cambio de normativa que buscaba garantizar que los alimentos importados cumplieran con los mismos estándares que los locales, siendo la Food Drug Administration (FDA) la institución encargada de velar por su cumplimiento.

Esta ley renovó la regulación que data de 1938, una actualización necesaria considerando que desde hace algunos años cerca del 20% de los alimentos en Estados Unidos provienen del extranjero y de ellos, más del 50% son frutas frescas. Una ley que tiene un fuerte enfoque en la prevención, y busca disminuir los riesgos de enfermedades por la ingesta de productos foráneos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hasta 600 millones de personas, a nivel mundial, caen enfermas cada año por ingerir alimentos contaminados. Y en Estados Unidos se calcula que anualmente 48 millones de personas se enferman en total, 128.000 son hospitalizadas y 3.000 mueren producto de enfermedades transmitidas por alimentos.

Donald Prater, Acting Assistant Commissioner for Food Safety Integration de la FDA, detalla que, además de la prevención, la regulación busca que la industria alimentaria sea la responsable de anticiparse a problemas de inocuidad alimentaria, educando y capacitando a las personas.

Hoy con la ley en fase de implementación, las normas que la componen están siendo incorporadas por todos los países que exportan a Estados Unidos, en plazos que van de un año hasta cuatro años, los que comienzan a partir de la entrada en vigencia de cada norma.

En septiembre de 2016 entró en vigencia la norma referente a controles preventivos para evitar riesgos en alimentos de consumo humano y en 2017, ingresarán dos nuevas: el transporte de alimentos para consumo humano y animal, y la verificación de proveedores extranjeros; y en octubre, la norma para alimentos frescos.

Dentro de las nuevas disposiciones también se consideran planes de inocuidad alimentaria en las empresas y la figura de un individuo calificado encargado de ejecutar el plan de inocuidad. Acciones que tienen que ver con intervenciones que fortalezcan el control de los alimentos en su cultivo, cosecha, empaque, etiquetado y almacenaje.

La nueva legislación aplica a todos los establecimientos que produzcan alimentos para consumo humano y animal que deban estar registrados en la FDA. Fuera de la normativa quedan las carnes, aves y huevos al ser regulados por el USDA, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Tampoco están afectos los jugos o mariscos porque sólo se les exigirá seguir contando con el sistema HACCP (Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, por sus siglas en inglés), el que opera en la actualidad.

En cuanto a las sanciones, existe una variedad de mecanismos, a través de los cuales la FDA hará cumplir la nueva legislación, entre ellos, la capacidad de negar la entrada a productos.

Los desafíos para Chile

El país es un fuerte exportador de verduras frutas y hortalizas que se relaciona con Estados Unidos. Sin ir más lejos, la entidad gremial de exportadores hortofrutícolas de Chile, ASOEX, señala que en 2015-2016 este país representó  32% del volumen total exportado, equivalente a 792.640 toneladas. Números que hacen relevante el proceso de adecuación a la nueva regulación.

A nivel regional, la oficina de la FDA en América Latina es la responsable de las interacciones bilaterales con México, Centroamérica, del Caribe y de América del Sur, incluido Chile. Sus esfuerzos se centran en temas de protección de seguridad de alimentos y de calidad en la fabricación de productos y en promover la capacitación a la comunidad de proveedores de alimentos. Una labor que han realizado con la Agencia Chilena para la Calidad e Inocuidad Alimentaria (ACHIPIA).

Michel Leporati, secretario ejecutivo de ACHIPIA, señala que durante este año comenzaron a impartir talleres de difusión que presentan una síntesis de la FSMA y sus siete normas. A la fecha, se han concretado cinco, con los que 400 personas del sector público privado y académico se han informado. Además, se han efectuado otras iniciativas similares para fortalecer el intercambio de experiencias como una misión a México, donde participó el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) y ASOEX, y se visitó a productoras de uvas y arándanos para crear una estrategia de cumplimiento a FSMA.

En esta misma línea, en mayo la FDA presentó los reglamentos de la ley para que las empresas chilenas interesadas tuvieran acceso a expertos.

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Moisés Leiva, gerente de Alimentos de Chilealimentos, afirma que históricamente Estados Unidos ha sido el principal destino de las exportaciones agropecuarias chilenas y que aún cuando existen programas actuales para disminuir el riesgo en la industria, estos pueden no ser suficientes para la nueva ley, por lo que “hoy las empresas están abocadas a cerrar esas brechas”, precisa.

Una de las figuras que adquirirá mayor responsabilidad en base a FSMA son los importadores, quienes deberán asegurar que toda la cadena de producción garantice la inocuidad alimentaria.

Por ahora, las firmas exportadoras chilenas están en la etapa de conocer los nuevos requerimientos, para lo cual están trabajando con el Comité de FSMA de Chilealimentos, de manera de lograr alcanzarlos en los plazos adecuados. En un comienzo, el cronograma para que los importadores solicitaran a los proveedores cumplir con los requisitos era 2017, pero se aplazó a 2019.

Sobre este punto, Prater de la FDA, comenta que el programa de verificación de proveedores extranjeros (FSVP por sus siglas en inglés), incluido en la ley, requiere que los importadores aseguren que sus proveedores produzcan alimentos cumpliendo los estándares de inocuidad de Estados Unidos.

La regulación también establece un sistema de acreditación a organismos para realizar auditorías de inocuidad, certificando que las instalaciones extranjeras de alimentos, y lo que ellas producen, cumplan con la normativa.

La adecuación de las empresas

Desde la óptica de los productores, Ronald Bown, presidente de ASOEX asegura que están en buen pie, pues el riesgo de la fruta chilena es muy bajo y no existe rechazo de ella en el mercado exterior.

“Chile tiene el mayor número de huertos frutales de exportación certificados en Buenas Prácticas Agrícolas a nivel mundial, lo que cubre prácticamente el 62% de la superficie plantada”, sostiene Bown.

Otra visión tiene Flavio Araya, director de Estándares Productivos de Fundación Chile (FCh) quien postula que existen diferencias para enfrentar la FSMA, debido al tamaño de cada empresa exportadora. Plantea que las grandes firmas están preparadas, pero que hay dificultades en las medianas y pequeñas que están mirando con interés a Estados Undios. A ellos, “se les pone la pista más pesada”, advierte.

“Muchas pymes alimentarias estaban débiles, por ejemplo, en temas que tenían que ver con el registro sanitario de alimentos y si ellas buscan orientarse a la exportación se complejiza bastante su situación”, expresa Araya.

Hortifrut es un ejemplo de una gran empresa que comercializa productos afectos a la ley y que ya tiene incorporado a sus procesos parte de los requisitos estipulados. En su caso ya entregaron al importador sus planes de seguridad alimentaria, cuyo plazo vencía en septiembre de este año y lo que les queda es hacer lo mismo con la fruta fresca, para la próxima temporada.

“Estamos aplicando la norma en forma transversal a toda la compañía no sólo a la exportación, sino también al mercado interno”, sostiene

Johanna Trombert, gerente de Aseguramiento de Calidad y Food Safety de Hortifrut, señala que están aplicando la norma en forma transversal en toda la compañía, no sólo al mercado de exportación, sino también al interno. Comenta que los protocolos que se usan en el campo cubren la mayor parte de los requerimientos en este ámbito, pero la FSMA exige algunas condiciones adicionales como un profesional responsable acreditado ante la FDA, exigencias para las aguas agrícolas, considerando sus usos de higiene y riego y también aumentar los monitoreos ambientales en la fruta fresca que está lista para el consumo. A pesar de ello, su impresión es que, la producción nacional no debería verse afectada y califica la legislación como “abordable”.

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Nuri Gras, asesora del Centro Tecnológico de Innovación Alimentaria y directora técnica de Food Intelligence Net Consulting, indica que Chile está considerado como un país de bajo riesgo en materia de inocuidad alimentaria y que certificarse en esta materia sirve para aumentar la confianza de los consumidores y entregar una protección a la marca.

Al no existir el riesgo cero, el enfoque preventivo que propone la ley es el que otorga mayor seguridad. Y con él “se podrá reforzar el posicionamiento de las firmas chilenas y sus productos en distintos mercados”, asegura.

Mirando a futuro Donald Prater reconoce que Estados Unidos no podrá llevar a cabo las nuevas reglas de la FSMA sólo, sino que dependerá de su trabajo con la industria de alimentos en ese país y en el mundo, puesto que se requiere trabajar estrechamente para garantizar la seguridad de los alimentos.

¿Qué es inocuidad alimentaria?

Según los Principios Generales del Código alimentario de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) -conocido como Codex Alimentarius- la inocuidad es la garantía de que los alimentos no causarán daño al consumidor cuando se preparen y /o se consuman de acuerdo con el uso a que se destinan. En ese sentido, la inocuidad tiene que ver con asegurar que los alimentos no estén contaminados, lo que se logra con el control de cada punto de la cadena, desde su producción hasta su consumo.

Fuente: Glosario, Achipia.cl

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