Chile en camino a un nuevo paradigma de distribución eléctrica


En septiembre de 2016 comenzó un proceso hacia una nueva ley de distribución eléctrica. hoy los actores están en plena discusión de cómo se organizará una industria que debe sortear nuevos modelos de negocios y sobreponerse al desarrollo vertiginoso de la tecnología
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Hace más de 30 años que Chile tiene la misma regulación en materia distribución eléctrica, no obstante, hoy los desafíos son diferentes y están limitando al mercado. Por ello, a ojos de los actores del sector y del gobierno, es necesario reformular la normativa. Un proceso largo y complejo que recién está comenzando.

En septiembre pasado y luego del Seminario Internacional: “El Futuro de la Distribución de Energía Eléctrica”, organizado por el Ministerio de Energía y actores del sector, se conformaron cuatro grupos de trabajo temáticos en aspectos técnicos, económicos y regulatorios, para llegar a un diagnóstico compartido que finalizará en abril.

Lo que vendrá más tarde, explica Andrés Romero, Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía (CNE), será “una discusión participativa acerca del modelo que debe inspirar la regulación, es decir, cómo se organizará esta industria, hasta dónde llega el monopolio y desde dónde se abrirá la competencia”. Ya con un modelo claro, se proyecta a fines de 2017 iniciar la redacción del anteproyecto de una nueva ley de distribución eléctrica.

“El futuro se nos viene encima”, comenta Romero ante la normativa y señala que la participación colaborativa de los actores, el foco hacia los consumidores, abrirse a la competencia y garantizar una retribución justa a los distribuidores por sus inversiones, son algunos de los lineamientos que buscan imprimirse en la futura legislación.

En representación de las firmas del sector, Rodrigo Castillo, director Ejecutivo de Empresas Eléctricas A.G, recalca que Chile está enfrentando desafíos similares a los países desarrollados y añade que la receta para el éxito de la nueva norma responderá, a su juicio, al nivel de participación del proceso de elaboración.

Castillo adelanta que entre las empresas ya existen algunos objetivos que concitan consenso. Estos tienen que ver con mejorar la calidad del servicio, usar eficientemente los recursos, contar con mayor flexibilidad de los sistemas y tener más participación de los clientes en la toma de decisiones sobre su consumo. En tanto, sobre los retos del gremio que representa, reconoce que están en “conocer y adaptarnos a las nuevas tecnologías de generación y almacenamiento distribuidas en la red y aprender a interactuar con los clientes a través de redes y medidores más inteligentes”, ejemplifica.

Ramón Galaz, director de Valgesta -empresa consultora especializada en energía- señala que la antigua normativa está obsoleta y que representa una “camisa de fuerza” ante los nuevos requerimientos del mercado energético que deben ser incorporados en el mediano y corto plazo. “Hoy las redes inteligentes, smart grid, sistemas de almacenamiento de energía y generación distribuida y recarga de servicios eléctricos suponen un nuevo paradigma”, sentencia.

Y aún más allá, según Romero, incluso suponen nuevas estrategias para alcanzar metas que ya se habían propuesto con anterioridad. En esta línea, explica que la política de energía a 2050 y la calidad del servicio que queremos prestar exige pensar en cómo se logrará -a esa fecha- que el promedio de indisponibilidad del servicio llegue a una hora al año, sabiendo que la mayor parte de los problemas actuales de indisponibilidad se encuentran, precisamente en el segmento de la distribución.

Desde el grupo Saesa, Francisco Alliende, gerente general, también reconoce los desafíos que supone la nueva ley y considera un elemento a tener en cuenta la gran cantidad de interacciones que deberá soportar la red en el futuro y cómo esta normativa deberá ser flexible y promover incentivos a las mejoras y a la innovación.

El ejecutivo destaca que para empresas que operan en regiones -Saesa mantiene operaciones entre las regiones del Bío Bío y Aysén, atendiendo a más de 710.000 clientes- las modificaciones que deban hacerse en la red para la incorporación de nuevos usuarios, tecnologías y servicios, implicarán retos no menores para no impactar la calidad del servicio de los clientes. Esto porque una de las principales barreras que han enfrentado, además de las dificultades geográficas propias, corresponden a cómo reflejar y traspasar los costos que una buena calidad de servicio implica, especialmente en zonas rurales.

Sobre este punto también se detiene Galaz. A su parecer, cualquier decisión que se tome correrá de norte a sur, lo que obligará a cualquier normativa a considerar objetivos generales, pero sin ignorar las condiciones diferentes en Santiago y regiones, las que obligan a implementar metas con gradualidad.

Las lecciones de Estados Unidos

Como parte del proceso de discusión de la ley y para intercambiar experiencias y conocimientos entre Chile y Estados Unidos en materia de nuevos modelos de distribución eléctrica y redes inteligentes, la Cámara Chileno Norteamericana de Comercio, Amcham Chile, organizó una misión a EE.UU. En dicho país actores chilenos pudieron conocer los modelos de distribución que están siendo aplicados en Nueva York y Boston (Massachusetts).

Tatiana Molina, directora del Consejo Empresarial de Energía Chile – EE.UU. de AmCham Chile, rescata de esta experiencia la articulación público privada que ha logrado Estados Unidos. “En el caso de Nueva York hay una relato único de todos los actores -industria, academia y gobierno- respecto de cuáles son los desafíos que se quieren lograr a 2030 (…) Si bien no han terminado el proceso ya recorrieron un primer camino que era alinear a los actores”, afirma y destaca que a su parecer la discusión en Chile va en la dirección correcta.

Para Molina hoy hay un espacio en Chile donde las empresas se están sentando junto al regulador y “eso es parte de nuestras perspectivas positivas”. Además, se abre una oportunidad para que el sector eléctrico se posicione en el extranjero como un espacio de soluciones tecnológicas y polo de atracción para desarrolladores de tecnologías.

Como prácticas a imitar desde Estados Unidos, destaca la formación de capacidades por parte de todos los actores, puesto que muchos conocimientos desde otras áreas serán necesarios en un nuevo paradigma, como por ejemplo, ciberseguridad e Internet de la Cosas, además de inteligencia de datos. Además, considera la flexibilidad para que una nueva norma incorpore la innovación y permita el ensayo y error en la búsqueda de mejorar la distribución. Lo anterior, teniendo en consideración las premisas fundamentales de nuestro sistema en torno a costo, seguridad y calidad.

Esta última visión también la comparte Julio Friedman, gerente general de General Electric, Quien cree en una ley que, además de potenciar nuevas tecnologías, permita el suministro de energía proveniente de fuentes renovables y medición inteligente, trayendo como consecuencia una mejor red, pero también mayor competencia en el sector.

Para Romero de CNE, en tanto, la misión dejó patente la necesidad de identificar con calma y de manera clara los objetivos que se definirán para el sistema de distribución y en base a ellos construir la estrategia de desarrollo, avanzando de manera gradual y paulatina.

Algo que también es una de las grandes lecciones que rescata Galaz, desde Valgesta. Puesto que explica que si bien al llegar a EE.UU. la impresión es de un gran avance, el proceso se inició hace alrededor de cinco años y aún está en curso.

Como modelo, Galaz señala que el mecanismo que se discute en Nueva York deja claro la importancia de cuál será a futuro y el rol de las empresas concesionarias y que servicios podrían ser entregados por esta infraestructura.

“Hay que trabajar en definir esos roles y ver cómo serán los servicios con un cambio en el esquema que tendremos (…) Hoy el servicio es unidireccional, mientras que a futuro muchos de los servicios irán en la dirección contraria, por lo que la ley deberá ser lo suficientemente clara, pero amplia, para permitir cierta flexibilidad en la aplicación de la misma”, explica.

En tanto, y como recomendación desde el trabajo en EE.UU., Carlos Nouel, vicepresidente de nuevas Soluciones de Energía de National Grid, una de las compañías de distribución eléctrica más relevantes a nivel mundial, recalca que es importante que la discusión no se centre solamente en la tecnología y en la modernización por la modernización. Lo importante, a su juicio, es considerar los modelos de negocio asociados al recambio de una red. La única manera de hacer un proceso de construcción de la ley exitoso es poner los incentivos necesarios para que las empresas realicen las inversiones que el sector necesita. Y explica que Nueva York facilita iniciativas donde “si la compañía eléctrica resuelve un problema de apacidad de manera eficiente, tiene un incentivo financiero”, comenta.

De la mano de este modelo, y considerando sus buenas prácticas, este año será clave para que los actores del sector energético comiencen a internalizar el nuevo paradigma de la distribución eléctrica y como país, tomar la oportunidad de ser pioneros en un proceso de reformulación que no sólo se está dando en Chile, sino también a nivel global.

La motivación es crear una ley que no sea una nueva camisa de fuerza sino que, muy por el contrario, solucione problemas del presente y sea capaz de ver el futuro.

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