Evitar la Trampa China

Chile tiene la bendición de contar con una abundancia de recursos naturales. Desde su fértil tierra cultivable hasta su extensa costa en el océano Pacífico y, en especial, sus vastos yacimientos minerales en el norte, esta larga franja de Sudamérica produce materias primas que países no tan bien dotados necesitan para construir ciudades y alimentar a sus poblaciones.

Y las exportaciones de Chile están creciendo. Entre el 2003 y el 2010, las exportaciones se incrementaron a una tasa anual promedio del 19% y se han cuadruplicado en la última década a cerca de US$80.000 millones en el 2011. Sin embargo, gran parte de la expansión de los últimos años se ha debido a la creciente demanda de un solo bien básico: el cobre.

La economía de Chile siempre se ha apoyado fuertemente en las exportaciones de minerales. En el siglo XIX, los nitratos -usados en fertilizantes y explosivos- financiaron el surgimiento de Chile como una nación independiente. En el siglo XX, el cobre gradualmente reemplazó a los nitratos como la principal exportación de Chile y en la actualidad corresponde a más de la mitad de las exportaciones totales del país.

Pero las exportaciones de productos no mineros como fruta, salmón, vino y muebles se han incrementado gracias a una red de tratados de libre comercio. Desde el 2000, Chile ha suscrito acuerdos con socios clave que incluyen a Estados Unidos, la Unión Europea, Corea, China y Japón. Hoy en día, tiene 21 tratados de libre comercio con 58 países, los que otorgan a los exportadores acceso preferencial a casi dos tercios de la población mundial.

Esta apertura se refleja en la diversificación de las exportaciones y en la cantidad de compañías que exportan a estos mercados. En el 2010, un total de 7.447 firmas chilenas exportaron 4.929 productos, un aumento frente a las 5.496 firmas y los 3.503 productos de 1993. Por supuesto, no todas las compañías exportan a todos los países, pero Estados Unidos -país con que suscribió un acuerdo en el 2003- ha sido un mercado clave para productos no cupríferos.

Esto no es ningún accidente. La agencia gubernamental de promoción de las exportaciones, ProChile, ha trabajado arduamente para diversificar las exportaciones de Chile hacia Estados Unidos y hacia otras partes del mundo, señala el director de ProChile, Félix de Vicente.   

A través de su red de 55 oficinas comerciales en 41 países -incluidas cinco en Estados Unidos-, ProChile hace un seguimiento a los mercados internacionales e identifica oportunidades y amenazas para los exportadores.

“Esta información actualizada nos permite estar constantemente apuntando hacia las tendencias presentes en distintos países para que nuestros exportadores puedan tomar las decisiones más adecuadas en cada momento y no cometer errores que pueden ser evitables”, señala De Vicente.

Y la estrategia ha funcionado. Desde mediados de la década de los 90 hasta el 2008, las exportaciones no cupríferas han mostrado un crecimiento estable para llegar a más de US$30.000 millones. Las exportaciones de Chile cayeron de manera pronunciada en el 2009 debido a la crisis financiera global, pero se han recuperado sólidamente en el último año.

“Podemos decir que los acuerdos comerciales han incidido positivamente en la diversificación de las exportaciones chilenas”, sostiene De Vicente.

No obstante, pese a la integración de Chile en los mercados extranjeros, su cesta de exportaciones se ha vuelto más -no menos- concentrada en los últimos cinco años, mientras que las exportaciones de cobre se han disparado.

Esto se debe principalmente a la demanda china. El auge en la industria de la construcción de China implica que se necesita cobre en cantidades suficientes para construir una nueva ciudad cada tres o cuatro meses. En consecuencia, el dragón asiático se ha convertido en el principal socio comercial de Chile –las exportaciones alcanzaron un total de US$12.900 millones en los primeros nueve meses del 2011, un alza del 7% frente al mismo lapso del 2010– y el metal representa casi el 90% de las exportaciones.

“Chile es uno de los países de América Latina con la mayor diversificación de mercados y la menor diversificación de productos”, afirma Osvaldo Rosales, director de la división de comercio internacional e integración de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). “Estamos hablando de una re-primarización de la economía”.

De hecho, tras una aceleración del crecimiento a comienzos de la década de los 90, la diversificación de las exportaciones de Chile, medida según el índice Herfindahl-Hirschman, prácticamente no ha cambiado desde 1994 cuando Chile obtuvo un puntaje de 0,27 (1,0 representa la concentración máxima) comparado con el 0,26 del 2008. Esto se compara con un promedio del 0,1 en los países del G-7 y del 0,15 en Corea.

Hoy en día, las exportaciones de Chile están menos diversificadas que las exportaciones de muchos países asiáticos en un nivel similar de desarrollo y de PIB per cápita.

“Mejoramos en los años 90, pero nos hemos estancado en la última década”, señala Ricardo Ffrench-Davis, profesor de economía de la Universidad de Chile.

En su libro, Chile entre el Neoliberalismo y el Crecimiento con Equidad: Reformas y políticas económicas desde 1973, Ffrench-Davis argumenta que la principal razón para este estancamiento es la volatilidad de la tasa de cambio.

Presionados por el Peso

Los exportadores viven y penan por la tasa de cambio. Esta determina cuánto reciben por cada peso que gastan en la elaboración de un producto o servicio. Sin embargo, durante la última década predecir la tasa de cambio real ha sido un lotería.

“¿Va a ser de 450 o 650 pesos? ¿En qué baso mis decisiones de inversión para el fututo? Es muy difícil”, argumenta Ffrench-Davis. 

Sin una tasa de cambio estable, los inversionistas no se arriesgarán a invertir en innovación que es clave para el desarrollo de nuevos productos y servicios. Si bien el dólar se ha fortalecido en los últimos meses debido a la crisis de deuda europea, la apreciación del peso también ha dificultado que los exportadores chilenos de sectores distintos a la minería compitan en el extranjero.

Chile no es la única economía emergente en este aprieto. Las experiencias de Corea y Brasil desde 1999 han demostrado que la volatilidad cambiaria puede ser un desincentivo para la diversificación de las exportaciones. “Uno termina pegándose a lo que conoce, que son las exportaciones tradicionales”, destaca Ffrench-Davis.

Sin embargo, una moneda fuerte no es necesariamente una sentencia de muerte. Países con economías de rápida expansión y un alto crecimiento de la productividad -como Chile a mediados de la década de los 90- tienden a tener una tasa de cambio que se aprecia más rápidamente, lo que se compensa con la mayor competitividad de sus exportaciones.

“Gracias a una mayor productividad, los exportadores pueden competir en el extranjero mientras los productores locales que compiten con importaciones más baratas están protegidos”, afirma Ffrench-Davis.

Pero la productividad de Chile ha declinado en la última década. Pese a que se espera que la productividad suba levemente cerca del 0,4% en el 2011, aún no está ni cerca de la tasa promedio de crecimiento anual del 2,3% alcanzada a mediados de los años 90 cuando la economía de Chile estaba en auge. Y un lento crecimiento de la productividad, junto con un peso fuerte, dificulta que los exportadores chilenos compitan con otras economías en desarrollo, especialmente de Asia.

El panorama futuro no es mucho más prometedor. El actual súper ciclo de los bienes básicos, impulsado por la demanda asiática de materias primas, podría durar otros 15 años o más. Asimismo, se prevé que las tasas de interés se mantendrán bajas en Estados Unidos y Europa, lo que significa que el capital debería seguir fluyendo hacia mercados emergentes, ejerciendo presión adicional sobre la tasa de cambio.

Todo esto envía un mensaje deprimente a los exportadores.

“Significa que la tasa de cambio seguirá baja a menos que haya una crisis temporal como la que estamos viviendo ahora”, afirma Rosales de Cepal. “Obviamente, esta no es la mejor situación para alentar un clima de emprendimiento en Chile”.

Incentivos para la Innovación

Nueva Zelanda, Australia y Canadá -todos países con economías basadas en los recursos naturales- han demostrado que los incentivos para la innovación, una mejor educación y capacitación, infraestructura de clase mundial y clusters de tecnología son necesarios para crear exitosas industrias de exportación.

“Estos incentivos no han estado presentes en las políticas de Chile, lo que explica el estancamiento en la diversificación de las exportaciones”, afirma Rosales.

El Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC), creado en el 2005 por el ex presidente Ricardo Lagos en base a un royalty minero, ha incrementado el financiamiento para proyectos de investigación y desarrollo, pero es necesario hacer más para respaldar a los innovadores, sostiene Rosales.

En este sentido, la estrecha relación comercial de Chile con Estados Unidos es una ventaja importante, destaca Félix de Vicente de ProChile.

“Tenemos mucho que aprender de ellos [Estados Unidos] en esta área si queremos que Chile se convierta en un polo de innovación dentro de América Latina. En ese sentido, las experiencias que podamos adquirir de casos exitosos como Silicon Valley siempre serán beneficiosas para Chile”, asevera.

Llevar una buena idea al mercado puede ser laboriosamente lento en Chile, pero la experiencia de Estados Unidos en esta área puede ayudar a los innovadores chilenos a dar el siguiente paso.

Por ejemplo, el concurso Go to Market, desarrollado por la Corporación de Fomento de la Producción de Chile (CORFO), da a los investigadores chilenos la posibilidad de postular a un curso de capacitación de cuatro semanas en el Stanford Research Institute en Silicon Valley.

CORFO está trabajando para traer a Chile el financiamiento y la experiencia científica internacional. En septiembre, la firma alemana de biotecnología Fraunhofer abrió su primera oficina sudamericana en Santiago con financiamiento de la CORFO. La agencia nacional de ciencia de Australia, CSIRO, también tiene un acuerdo con la cuprífera estatal chilena Codelco para establecer proyectos conjuntos de investigación y desarrollo.

“Si podemos hacer esto en el sector minero, ¿por qué no en otros sectores?”, señala Rosales. “Necesitamos establecer más centros de tecnología, alianzas de investigación con otros países y una masa crítica de profesionales capacitados”.

Pero esto no va a ocurrir si se deja únicamente a merced de las fuerzas del mercado. Otro país latinoamericano, Costa Rica, ha demostrado que el apoyo estatal es crucial. Desde que Intel decidiera establecer una planta manufacturera en 1996, el país se ha beneficiado de un auge en la inversión extranjera y el empleo, pero no se ha detenido ahí.

El Gobierno de Costa Rica ha actuado como intermediario para ayudar a que pequeñas empresas cumplan estándares y se conviertan en proveedores de empresas estadounidenses. CORFO apunta a implementar un programa similar en Chile en el 2012, pero debe trabajar con mayor rapidez, admite Hernán Cheyre, vicepresidente ejecutivo de CORFO.

“La principal cosa que podemos hacer es construir puentes para que las pequeñas y medianas empresas lleguen a nuevos mercados”, afirma.

Distancia con el Mercado

Chile se encuentra en la misma zona horaria que el este de Estados Unidos, pero su aislamiento geográfico es una desventaja comparativa. El mayor costo que implica el transporte de los bienes a mercados clave hace que los productos chilenos sean menos competitivos y el pequeño tamaño del mercado interno también es un inconveniente.

“Las economías de escala importan y somos muy pequeños”, dice Rosales. “Pero ser pequeño te permite ser más flexible y estar aislado es un incentivo para mejorar la eficiencia”.

Si Chile ha de convertirse en una puerta de entrada a la región del Asia-Pacífico -el Singapur de Sudamérica- como pretende el Gobierno, necesita invertir más en infraestructura, señala Rosales.

La aerolínea chilena LAN estableció su centro regional en Lima para estar más cerca de mercados clave como Estados Unidos y Brasil, pero Chile podría convertirse en un importante centro marítimo regional mediante la mejora de la eficiencia en sus puertos.

Los puertos de Valparaíso y San Antonio procesan cerca de 70 contenedores por hora, según un informe de la Cepal, lo que es más eficiente que todos los demás puertos sudamericanos, pero sigue siendo menos eficiente que los puertos chinos que procesan el doble de esa cantidad.

Más aún, las embarcaciones post Panamax son actualmente demasiado grandes para los puertos chilenos, pero el país podría construir el primer puerto en la costa pacífico de América Latina capaz de recibir a este tipo de barcos. “Sería una gran ventaja competitiva para Chile”, subraya Rosales.

Chile además necesita mejorar sus conexiones viales y ferroviarias con Brasil, Argentina y Uruguay, no solo para dar a los exportadores chilenos acceso a puertos en la costa atlántica, sino también para facilitar el intercambio comercial intra-industria.

Conexiones Internacionales

Un gran desafío para Chile es cómo usar su red de tratados de libre comercio para fortalecer la internacionalización de sus pequeñas y medianas empresas.

Una razón del éxito de Asia en los últimos 30 años ha sido el crecimiento del comercio intra-industria, que en muchos caso precede la suscripción de pactos comerciales. Este tipo de intercambio comercial no solo genera alianzas entre empresas, también fomenta la innovación, pero las tendencias proteccionistas de algunos países de Sudamérica son un obstáculo para la integración, comenta Rosales.

Aparte de la industria automotriz en Brasil y Argentina, hay unas pocas industrias que emplean componentes proporcionados por distintos países en la región. Según Rosales, es necesario que esto cambie para que los exportadores chilenos suban en las cadenas internacionales de valor, pero ello requiere voluntad política y no depende completamente de Chile.

El desarrollo de alianzas con empresas en países como Estados Unidos e India puede ayudar a las compañías chilenas a mejorar su capacidad tecnológica y añadir valor a las exportaciones.

India representa apenas cerca de un 1% de las exportaciones totales de Chile, pero las compañías indias están más globalizadas y mejor posicionadas que sus contrapartes chinas. Esto significa que podrían ser los socios ideales para las firmas chilenas, en especial en el área de offshoring, que es una creciente industria de exportación.

Pero para poder comunicarse con los indios, los chilenos necesitan hablar inglés. Mientras Costa Rica promovió la capacitación en inglés y reformó su sistema educacional para satisfacer las necesidades de los inversionistas, solo cerca del 3% de los chilenos habla inglés con fluidez. “Es una gran brecha”, admite Cheyre de CORFO.

Claramente hay espacio para que Chile mejore, pero la actual crisis de deuda en Europa y Norteamérica es una ventana de oportunidad. Mientras otros países luchan con crecientes deudas, Chile tiene sus cuentas fiscales en orden y abundante acceso al capital. De manera crucial, además es un atractivo destino de inversión extranjera con una economía estable y creciente.

Chile ha hecho un buen trabajo en abrir mercados, pero ahora necesita desarrollar sus conexiones internacionales de modo que los exportadores puedan llegar más lejos y correr más rápido. No es muy tarde para escapar de la trampa china, pero diversificar las exportaciones requiere innovación, puentes y socios como Estados Unidos.

Julian Dowling es el editor de bUSiness CHILE

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