¿Por Qué no Todos me Quieren?

Es grato ser popular y maravilloso ser querido, y como político siempre es placentero ser lo uno o lo otro.

El presidente Piñera acaba de pasar (el 11 de marzo) la mitad de sus cuatro años de mandato y el presidente Obama se prepara para enfrentar al candidato republicano, aunque este aún debe ser elegido.

La retórica en ambos países nos haría creer que estamos siendo gobernados por estúpidos incompetentes cuyo único propósito es sobrevivir a su mandato presidencial o (en el caso de Obama) ganar la reelección y -en definitiva- asegurar una noble posición en la historia.

La campaña ya empezó en Chile y unas 10 personas dentro de los partidos que componen la coalición opositora se dan empellones por la atención de la prensa y subir en las encuestas.

En Estados Unidos, los candidatos republicanos parecen estar haciendo un trabajo tan maravilloso de difamación de sus rivales que quedará poco para que Obama ataque cuando la campaña real, que precede a la elección de noviembre, se ponga en marcha.

Lo que parece común en ambos países es la falta de apoyo de las bases para los dos presidentes en funciones. Recientes encuestas sugieren que (casi) nadie quiere a Piñera -a pesar de la continua fortaleza de la economía chilena y la menor tasa de desempleo– pero luego ¡tampoco nadie quiere a ninguno de los líderes “tradicionales” de la oposición!

Al mismo tiempo, parece haber una falta de apoyo de gente que quiera a Obama, pero de nuevo, ninguno de los aspirantes republicanos ha generado mucho afecto; ha sido más una cuestión de votar por el menor de dos, tres o cuatro males.

Entonces, ¿dónde nos deja esto? Piñera tiene poco menos de dos años de su mandato de cuatro años para implementar, de manera exitosa, todas las promesas que hizo durante su campaña; en realidad es menos dado que perderá efectivamente el poder después de la elección presidencial de noviembre del 2013.

Al momento de escribir estas líneas, Chile experimenta un nivel sin precedentes de agitación social que posiblemente continuará durante todo el 2012. Por su parte, Obama enfrenta decisiones muy difíciles sobre Irak y Afganistán, además de la necesidad de vital importancia de reactivar la economía antes de que los votantes se dirijan a las urnas el 6 de noviembre.

Entonces, ¿por qué nuestros actuales líderes (Piñera y Obama) y casi la totalidad de quienes se ofrecen para el escrutinio público son tan poco queridos? Muy simple; los votantes han aprendido a no ser embaucados por políticos con mucha labia quienes prometen todo. En cambio, medirán a los candidatos o presidentes contra un simple gráfico de lo que ofrecen versus lo que entregan y ¡“En serio, no quiero escuchar sus excusas”!

Quizás Piñera ofreció hacer demasiado durante su mandato de cuatro años y quizás Obama no fue, y no ha sido, lo suficientemente específico sobre sus promesas y logros. No obstante, cualquiera que espere obtener el principal trabajo en los dos países lo conseguirá porque la gente cree que él o ella cumplirán con lo que prometen. Y si usted gana, quédese con los guantes de boxeo después de la lucha electoral, porque habrá muchas batallas por delante.

Sí, los tiempos son duros y las economías están bajo amenaza. La globalización está muy bien, siempre y cuando lo negativo (las pérdidas de empleo, la mayor inflación, las incertidumbres del mercado, etc.) no ME afecten.

Pero quienes, por la razón que sea, aspiran a la principal oficina en el territorio háganlo (espero) sabiendo que deben lidiar con temas extremadamente complejos y no solo para ser elogiados por rescatar mineros o llegar a un acuerdo sobre el endeudamiento de la nación.

Si quiere ser querido, conviértase en un gran comediante o filántropo, quizás incluso un pediatra, autor, cantante o personalidad deportiva. En palabras del gran Bardo de Avon, el juego de la política es más una “Comedia de las Equivocaciones” y a veces, como Julio César nos recordaría, sus propios adeptos leales los cortarán si la voluntad del Senado no se atiende adecuadamente.

¿Cuán fuerte pueden caer los poderosos? Bueno, depende de la altura del pedestal que se han construido. Ya no hay espacio para el amor en la política o el Gobierno, solo un sólido desempeño. Quizás nuestros líderes deberían aprender a ser felices con “respeto y aceptación” y, finalmente, un sincero agradecimiento por una labor bien hecha.

Sigo ingenuamente optimista sobre el futuro y la capacidad de la humanidad para elegir a un ganador…

Santiago Eneldo

(Maltratos y comentarios políticos útiles a: santiagoeneldo@yahoo.com)

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