Escasez Laboral en Chile: Se Buscan Trabajadores

Hace un par de años, cerca de un cuarto de las personas que cruzaban la puerta de la oficina de Ignacio González, en la comuna de Las Condes en Santiago, estaban desempleados. La mayoría eran profesionales bien calificados con impresionantes CV, pero tenían dificultades para encontrar trabajo.

“Eso ha cambiado”, señala González, gerente general de mandomedio.com, firma de headhunting. “Hoy en día, todos el mundo tiene empleo. Vienen porque están buscando uno mejor”.

La tasa de desempleo de Chile ha caído drásticamente en los últimos tres años. A mediados del 2009, en la cúspide de la crisis financiera global, era cercana al 12%, pero en los tres meses a fines de abril de este año había caído a apenas el 6,5%, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas, INE.

Es difícil hacer comparaciones históricas usando los datos de desempleo del INE porque el instituto cambió su metodología en el 2010. Pero las estadísticas de la Universidad de Chile, que ha medido la tasa de desempleo en el Gran Santiago usando los mismos criterios desde el año 1957, sugieren cuán baja es realmente la tasa actual.

En diciembre del 2011, el desempleo en el área de Santiago (que alberga a casi un tercio de la población de Chile) cayó al 6,2%, según muestran cifras del Centro de Microdatos de la Universidad. Ese nivel fue el más bajo desde marzo del año 1996.

En un discurso pronunciado en abril en Nueva York, el ministro de Hacienda de Chile, Felipe Larraín, dijo que el Gobierno había creado 720.000 nuevos empleos desde que asumió el mando, a una tasa casi cuatro veces más rápida que bajo el gobierno anterior. Alrededor de 400.000 de esos puestos de trabajo se han destinado a mujeres. “Durante nuestro Gobierno hemos tenido la mayor creación de empleos de la historia”, aseveró Larraín. “Algunos dicen que estamos en pleno empleo, quizás estemos cerca de ello”.

Es improbable que el desempleo se mantenga tan bajo y, de hecho, ya hay señales de que está subiendo en algunas áreas, debido en parte a factores estacionales (usualmente sube durante los meses de invierno del Hemisferio Sur debido a redundancias en el sector agrícola). En su sondeo más reciente, la Universidad de Chile señaló que la tasa de desempleo en Santiago subió al 8% en marzo, un alza de 1,8 puntos porcentuales frente a tres meses antes.

Aún así, el desempleo nacional es impresionantemente bajo según los estándares históricos y David Bravo, profesor de economía y director del Centro de Microdatos, sostiene que espera que promedie un bajo 7% en el 2012.

Pero, como siempre, el diablo está en los detalles.

En primer lugar, hay fuertes discrepancias entre los diferentes sectores de la economía. El empleo en la industria de la construcción en el Gran Santiago se disparó un 14,8% interanual en marzo y un 11,5% en el de manufactura industrial. Sin embargo, durante el mismo período, el empleo en el sector minorista cayó un 10,5%.

En segundo lugar, hay importantes diferencias entre las respectivas tasas de empleo de hombres y mujeres. Más del 70% de la potencial fuerza de trabajo masculina está empleada, mientras que para las mujeres la tasa es de apenas el 50%.

Tercero, las cifras generales enmascaran un persistente problema de desempleo juvenil: un 19,8% de la potencial fuerza laboral de 20 a 24 años de edad no tiene trabajo, en comparación con el apenas 4,4% de quienes tienen entre 50 y 54 años.

La calidad del empleo también es un problema. Los críticos del Gobierno señalan que muchos de los nuevos empleos son temporales, inseguros o mal remunerados. Los salarios siguen relativamente bajos. Más de la mitad de los trabajadores chilenos ganan menos de US$460 al mes, destaca Andrea Repetto, profesora de economía de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Una Carrera por el Talento

Para las empresas privadas, la baja tasa de desempleo significa, ante todo, una escasez de mano de obra.

“Hay un déficit significativo de trabajadores en minería, agricultura, construcción, transporte y algunos sectores industriales, aunque no en todos”, afirma Bruno Baranda, subsecretario del Ministerio del Trabajo. “En el sector metalúrgico, por ejemplo, hay una escasez de electricistas y soldadores”.

Una iniciativa que ha ayudado a traer liquidez al mercado laboral es un sitio web del Gobierno, la Bolsa Nacional de Empleo ( www.bne.cl). Lanzada en el 2011, permite que los trabajadores suban sus currículos y que las empresas promocionen vacantes. Cerca de 200.000 CV se han subido al sitio y se han promocionado 300.000 puestos de trabajo.

Sin embargo, de todos modos hay una falta de mano de obra y en la industria de la construcción es particularmente grave. No solo el sector ha repuntado con fuerza de la debacle financiera global del período 2008-2009, con proyectos como el emblemático Costanera Center en Santiago de nuevo en marcha, sino que también ha recibido una inyección de la reconstrucción tras el terremoto de febrero del 2010, que generó demanda de todo desde constructores y carpinteros hasta enlucidores y soldadores. El sector se expandió un 8% el año pasado y superó a la economía general en dos puntos porcentuales. A lo largo del país, las constructoras tienen problemas para encontrar los trabajadores que necesitan.

“Este es un problema que ha estado creciendo en los últimos dos años”, afirma Carolin Carboni, gerente de personas de Besalco, firma constructora que emplea a 9.300 personas.

“Hay una falta de calidad también”, añade. “La gente que está disponible no tiene el entrenamiento ni las habilidades necesarias. Las escuelas técnicas han hecho lo mejor que han podido para adaptar su malla curricular para que satisfaga las necesidades de las empresas, pero aún hay una brecha”.

Sergio Cavagnaro, gerente general de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), señala que su sector “ya está en el pleno empleo” y describe la situación como “crítica”. La cámara está capacitando mujeres para que asuman empleos que antes están reservados para los hombres e incluso está analizando la posibilidad de contratar reos según esquemas de salida diurna.

El problema no se limita en ningún caso a las constructoras. Minoristas como Walmart están teniendo dificultades para atraer y mantener personal, ya sean trabajadores sin calificación para rellenar las estanterías de los supermercados o profesionales calificados para administrar la 

compañía.

“En período de alto desempleo, la gente viene a nosotros en busca de trabajo, pero en tiempos de pleno empleo como ahora, es al revés”, afirma Claudio Hohmann, gerente de asuntos corporativos de Walmart Chile. “Ahora, es la compañía la que tiene que salir y buscar trabajadores”.

Hohmann afirma que Walmart, que emplea a 40.000 personas en Chile, se ha vuelto más proactiva. “Estamos yendo a las universidades y exhibiendo a la empresa a gente joven, porque atraer talento se ha vuelto [algo] mucho más competitivo”.

El ejecutivo explica que la rotación de personal ha aumentado. Los jóvenes están ahora en una posición envidiable: pueden dejar un trabajo apenas meses después de haberlo conseguido e ir directo a otro, a menudo mejor remunerado.

Muchas empresas se quejan de perder personal frente a grandes empresas mineras en el norte de Chile. “Las mineras tienen la ventaja de que, a los márgenes a los que operan, pueden ofrecer salarios más atractivos”, afirma Hohmann. “Las minoristas operan con márgenes muy ajustados de modo que no podemos ofrecer siempre esa clase de salarios”.

No es una sorpresa entonces que los sueldos estén subiendo. Según el INE, los salarios en Chile han subido un 6,6% en términos reales desde el 2009 y el costo de la mano de obra se ha elevado en un 9%. La Cámara Chilena de la Construcción afirma que los sueldos en su sector se han incrementado en un 20% desde el 2009 e incluso más en el norte, donde el atractivo de las mineras es más fuerte. En su discurso del 21 de mayo, el presidente Sebastián Piñera señaló que la inflación salarial era del 6% al año, un 2,5% más que la inflación de precios al consumidor. Esa es una buena noticia para los trabajadores, pero no es tan buena para las nóminas salariales.

¡Más Trabajadores Por Favor!

Entonces, ¿dónde pueden encontrar estas empresas privadas más trabajadores a un precio razonable?

Una respuesta obvia yace en el gran potencial de las mujeres de Chile. Situada cerca del 50%, el país tiene una de las tasas más bajas de participación femenina en la fuerza laboral de todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), si bien ha mejorado en los últimos años.

“Dado el nivel de desarrollo de Chile, esa tasa debería ser a lo menos un 15 por ciento superior a lo que es”, afirma Andrea Repetto. “Desde ese punto de vista, Chile no está ni siquiera cerca del pleno empleo. Aún hay mucho potencial para traer más trabajadores al mercado laboral”.

El Gobierno señala que está tratando de liberar ese potencial. El subsecretario Baranda apunta como ejemplo al programa Mujer Minera, lanzado en febrero de este año. El programa ofrece capacitación a 2.000 mujeres de los sectores más pobres de la sociedad para ayudarles a encontrar trabajo en la industria minera.

Pero aún hay obstáculos al empleo femenino, no solo las cláusulas extremadamente generosas de permiso maternal, que hacen que algunas empresas sean renuentes a contratar mujeres. Ignacio González de mandomedio.com afirma que ha notado una caída en la cantidad de mujeres que han sido contratadas desde que esas cláusulas se fortalecieron el año pasado.

Algunas mujeres señalan que les darían ganas de trabajar si tuvieran mejor acceso al cuidado infantil, pudieran trabajar en un horario flexible, si los salarios fueran más altos o si el transporte público fuera mejor, permitiéndoles llegar al trabajo más fácilmente y por menos dinero. Hasta que estos distintos problemas no se aborden, el potencial latente de la fuerza laboral de Chile posiblemente se mantenga simplemente así: latente.

Otra posible fuente de mano de obra está fuera de las fronteras de Chile. Hay millones de desempleados europeos y latinoamericanos ansiosos de trabajar, quienes potencialmente podrían encontrar empleos acá. González, cuya firma de headhunting tiene oficinas en Perú y Argentina además de en Chile, sostiene que las empresas chilenas a menudo se muestran reticentes a importar mano de obra, pero que eso está cambiando, debido a la necesidad. Afirma que las empresas están comenzando a mirar a España, donde la tasa de desempleo es superior al 20%, en miras a reclutar potenciales profesionales bien calificados.

No obstante, existe un límite respecto de cuántos extranjeros pueden trabajar en una empresa en Chile. En la actualidad, una compañía con 25 o más empleados en sus registros tiene que asegurar que al menos el 85% de su fuerza laboral está compuesta por chilenos.

Cavagnaro de la CChC afirma que muchas constructoras querrían contratar más inmigrantes peruanos, bolivianos y colombianos, pero que no pueden por temor a violar la ley. “Estamos hablando con el Ministerio del Trabajo sobre modificar esta norma”, señala.

No son solo los extranjeros los que están siendo atraídos a Chile por la posibilidad de trabajo. Los chilenos también. En momentos en que la situación económica en Europa sigue espantosa, muchos chilenos avecindados en esa región están volviendo a su patria. “Me llegan un montón de llamadas y CV de chilenos en Europa, que sienten que puede ser el momento para volver a casa”, comenta González.

Atrapados en la Edad de Piedra

La otra gran fuente de potencial mano de obra latente en Chile son los jóvenes. Hay demasiados jóvenes chilenos atrapados en sus casas, sin trabajo, los que dependen del respaldo financiero de sus padres.

En este punto, la capacitación es clave y el historial de Chile en esta área, lamentable. La ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, reconoció recientemente que cuando se trata de capacitación laboral, Chile está “en la Edad de Piedra”.

El Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE) es la entidad estatal encargada de fiscalizar la capacitación. El servicio ofrece una serie de subsidios, subvenciones y bonos a los empleadores y empleados para incentivar la capacitación, con particular énfasis en las mujeres, los jóvenes y los pobres.

El pilar central de la labor del SENCE es un esquema según el cual las empresas pueden postular a un crédito fiscal a cambio de entregar capacitación a sus trabajadores. Las empresas deciden quién se capacita y cómo.

Pero existe un creciente consenso en cuanto a que el sistema está fallando. En noviembre pasado, una comisión de expertos encabezado por el economista Osvaldo Larrañaga publicó un irrefutable informe sobre la capacitación en Chile, la que describe como “claramente deficiente” y “regresiva”. Cerca del 27% de los fondos para capacitación se destinaban al 20% más rico de la fuerza laboral, concluyó.

El problema es que, demasiado a menudo, el dinero llega a grandes empresas con empleados que ya están relativamente bien capacitados. No siempre llega a las pequeñas empresas que es donde más se necesita.

Más aún, debido a que las empresas pueden elegir el contenido de los cursos, tienden a concentrarse en habilidades no transferibles que son específicas de sus propias necesidades. No les entregan necesariamente a los trabajadores las habilidades que los beneficiarán más tarde en su vida.

Finalmente, los cursos tienden a ser demasiado cortos: 19 horas en promedio en el 2010. Eso no es demasiado tiempo para enseñar nada a nadie.

La comisión de Larrañaga concluyó que los créditos fiscales del SENCE equivalieron a US$226 millones en el 2010, lo que representa el 80% del gasto público total en capacitación. Los beneficios para las empresas eran claros, pero los beneficios para los trabajadores eran mucho menos.

“La comisión halló que cerca de dos tercios del gasto público en capacitación se canalizaba a iniciativas que no tenían ningún impacto en lo absoluto”, sostiene Bravo, quien fue miembro de la comisión.

El panel de expertos elogió algunos de los programas del SENCE, en particular los que se financiaban a través del Fondo Nacional de Capacitación (FONCAP), que apunta a jóvenes y pobres. Sin embargo, señaló que su impacto era mínimo. En el 2009, por ejemplo, hubo 441.000 personas de entre 18 y 25 años de edad que estaban desempleados y que pertenecían al 40% más pobre de los hogares chilenos. De estos, solo 12.000, menos del 3%, recibieron capacitación financiada por el FONCAP.

Dicho sea a su favor, la ministra Matthei se ha tomado en serio las recomendaciones de la comisión y se comprometió a enviar un proyecto de ley al Congreso para modernizar la capacitación laboral en Chile.

Francisco Agüero, quien fuera director nacional del SENCE y ahora es jefe de su departamento de Empresa y Empleo, sostiene que aún no se ha tomado una decisión sobre si se establece una reducción progresiva de los créditos fiscales, como recomendó la comisión. “Se está debatiendo y analizando”, afirma.

Pero ya sea que se descarte o no, el énfasis claramente se está alejando de los créditos fiscales hacia otros programas del SENCE.

“La ministra está interesada en particular en un nuevo programa denominado Formación para el Trabajo o FOTRAB, que ofrece cursos de capacitación mucho más largos, de entre 500 y 600 horas, y apunta a jóvenes de los quintiles más pobres”, señala Agüero.

La capacitación de esa duración requiere dinero, pero el gobierno parece comprometido a encontrarlo. Con US$57 millones, el presupuesto del FOTRAB para este año es un 162% superior al del año pasado y otros programas del SENCE también han recibido un provechoso financiamiento.

Mientras ese siga siendo el caso hay esperanzas de que los trabajadores chilenos del futuro estarán mejor dotados para hacer su trabajo, pero eso no resolverá el problema de corto plazo de cómo encontrar trabajadores adicionales justo ahora.

“La escasez laboral es buena en el sentido de que todos tienen empleo, pero es mala porque significa que el país podría estar creciendo más rápidamente y es incapaz de hacerlo”, señala Cavagnaro. “La economía tiene una mano atada a la espalda”.

Gideon Long trabaja como periodista freelance en Santiago

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