Gestión de Residuos en Chile

Carolina Ortega solía ir cada domingo en la mañana al centro de reciclaje Punto Limpio en la adinerada comuna de Vitacura en Santiago, pero desde que se volvió demasiado concurrido los fines de semana intenta ir durante la semana.

“Separo todo en la casa y luego lo traigo acá”, señala. Siento que estoy ayudando al medio ambiente, hay gente que dice que es insignificante, pero esto es mejor a que todo termine en un relleno sanitario”.

Ortega, residente de Vitacura, ha notado el aumento en la cantidad de gente, en especial de familias con niños pequeños, quienes llegan al Punto Limpio con autos cargados de botellas de vidrio, latas de aluminio, contenedores plásticos y diarios, entre otros artículos.

La mayoría de las municipalidades en Santiago operan sus propios Puntos Limpios, pero el de Vitacura es el más grande y uno de los pocos que acepta artículos como pilas y medicamentos vencidos, además de desechos de gran tamaño como artículos electrónicos y metal chatarra.

Según Manuel Valdés, quien administra el Punto Limpio, otras municipalidades de todo Chile e incluso de otros países de América lo han visitado para ver cómo funciona.

“El sesenta por ciento de todo lo que recibimos aquí se recicla”, sostiene. “El mayor problema es la creciente cantidad de basura, lo que es un costo, porque termina en el vertedero, no ayuda a nadie”.

Valdés es empleado de Demarco, parte del grupo de gestión de residuos Urbaser-Danner propiedad de inversionistas españoles y estadounidenses, el que tiene contrato con la Municipalidad de Vitacura para operar el centro.

La municipalidad además tiene acuerdos con compañías como Gerdau Aza, Cristalerías Chile y Cementos Polpaico que recolectan y reciclan el metal, el vidrio y el plástico, respectivamente. Estas compañías no pagan directamente a la municipalidad, pero se les exige que hagan donaciones de beneficencia cada mes, explica Valdés.

El centro ha estado operando desde el 2005 y en la actualidad, en promedio, recibe 400 vehículos diariamente, los que llegan a entre 600 y 800 los fines de semana. De hecho, se ha vuelto tan popular -el crecimiento anual promedio es del 25%- que Valdés está considerando limitar el ingreso solo a residentes de Vitacura.

Él atribuye el crecimiento a la educación. La información esta disponible a través del sitio web y la municipalidad ha lanzado un programa educacional en colegios de la comuna. “Son los niños los que traen a sus padres”, afirma Valdés.

Irónicamente, Vitacura -que es una de las municipalidades con el mayor ingreso per cápita de Chile- también genera la mayor cantidad de basura per cápita: cerca de 2,09 kilos por día en el 2009, según un estudio de la Comisión Nacional de Medio Ambiente (CONAMA), casi el doble que el promedio nacional de 1,3 kilos, pero también lidera el camino en materia de reciclaje.

No en mi Patio

El Punto Limpio de Vitacura es un caso especial, pero señala un cambio de actitud en Chile respecto de la basura. Los consumidores, a menudo alentados por sus hijos, se están volviendo más conscientes sobre los beneficios de reciclar y están exigiendo que las empresas gestionen sus residuos de manera responsable.

Pero este cambio es muy reciente. Apenas en el año 1995, todos los residuos producidos en el país terminaban en vertederos no autorizados. Sin embargo, hoy en día, el 69% de los residuos generados por los chilenos se transporta a rellenos sanitarios que cumplen con normas ambientales y sanitarias, mientras que el 22% termina en vertederos que cumplen con una legislación más antigua y un 9% lo hace en vertederos ilegales.

Al mismo tiempo, el crecimiento de la población y los mayores ingresos significan que los chilenos están generando más residuos. El primer estudio sobre desechos sólidos en Chile, llevado a cabo por la CONAMA, arrojó que el país generaba 16,9 millones de toneladas de desechos en el 2009, un alza frente a los cerca de 12 millones de toneladas del 2000, de los cuales 6,5 millones de toneladas correspondieron a desechos municipales, principalmente residenciales y comerciales, mientras que 10,4 millones de toneladas eran industriales.

Alrededor del 10% de los residuos sólidos se reciclan, lo que es una gran mejora frente al 0% de hace 20 años, pero aún es muy inferior a las tasas de los países desarrollados: en Estados Unidos cerca del 34% de los residuos municipales se recicla o se destina a compostaje.

En Chile, las municipalidades son responsables de la recolección y disposición de sus propios residuos según su propio criterio. La mayoría adjudica contratos a agencias de recolección que trasladan la basura a rellenos sanitarios administrados de manera privada, usualmente localizados en la periferia de las ciudades cerca de áreas pobres donde el terreno es barato y donde es menos probable que los habitantes se quejen.

Estos contratos, como están diseñados actualmente, no ofrecen ningún incentivo para reducir los residuos dado que las municipalidades acuerdan pagar una cantidad por tonelada que es menor mientras mayores sean los volúmenes de basura. 

“La mayoría de las municipalidades limitan su gestión a la disposición final de los residuos sin considerar posibilidades de prevención o su potencial valorización y reciclaje”, asevera Ricardo Irarrázabal, subsecretario de Medio Ambiente de Chile.

En la actualidad, la Región Metropolitana de Santiago cuenta con tres rellenos sanitarios: Loma los Colorados (Til Til), Santiago Poniente (Maipú) y Santa Marta (San Bernardo), los que reciben residuos de toda la ciudad incluidas comunas como Vitacura y Las Condes que no cuentan con sus propios rellenos.

El transporte de basura a través de la ciudad no solo es costoso, afirma Irarrázabal, sino que el sistema perpetúa la inequidad social porque municipalidades de escasos recursos como Maipú y Puente Alto tienen que mantener rellenos sanitarios malolientes y antiestéticos que afectan la calidad de vida de sus habitantes.

En cuanto a los residuos industriales, una pequeña parte es peligrosa incluidos polvos químicos y líquidos tóxicos, los que las empresas deben transportar a uno de los siete sitios de tratamiento especial que son similares a los rellenos sanitarios pero con mejor aislación.

Cerca del 5% de los residuos peligrosos se convierten en combustibles alternativos, pero el resto se entierra en contenedores impermeables. A los residuos se les hace un seguimiento a través del Sistema de Declaración y Seguimiento de Residuos Peligrosos (SIDREP), que opera en línea, pero el problema es que esto solo funciona si la empresa declara los residuos.

“Si no se declara, no existe”, señala Frederick Evendt, gerente general de la firma belgo-chilena Hidronor, la que se especializa en residuos peligrosos con sitios en Santiago, Antofagasta y Concepción.

En consecuencia, algunas empresas evitan los costos de tratamiento al tirar la basura -a riesgo de recibir multas- en ríos y áreas poco pobladas. “Un mejor monitoreo y control ayudaría a reducir esta práctica”, señala Evendt.

Concentrarse en la Prevención de Residuos

El marco legal de la gestión de residuos en Chile se remonta al año 1967 y, a través de varias enmiendas desde entonces, las regulaciones de Chile están hoy en día entre las más estrictas de la región.

Sin embargo, históricamente el énfasis ha estado puesto en la disposición final, en otras palabras en dónde dejar la basura para que no esté a la vista ni en mente. Pero el Ministerio de Medio Ambiente está tratando de cambiar esto concentrándose en la prevención.

“Creemos que estamos listos para dar un salto en la gestión de residuos en Chile”, indica Irarrázabal.

A juicio del ministerio, más del 50% de los residuos municipales podrían reutilizarse o reciclarse, lo que reduciría de manera sustancial la cantidad que termina en los rellenos sanitarios, o que se bota ilegalmente.

La estrategia nacional de gestión de residuos del ministerio está compuesta por cinco pasos en una pirámide invertida, donde la disposición de los mismos está en el último lugar. Sin embargo, antes de esa drástica opción final, los pasos más deseables son prevención, reutilización, reciclaje y valorización de la energía.

“El más importante de estos pasos es prevenir los residuos en primer lugar”, dice Irarrázabal.

Además de los positivos efectos ambientales y sociales, esta estrategia también aspira a reducir el costo para las municipalidades, las que entonces tendrán más fondos para gastar en otros programas.

La educación pública y las iniciativas a nivel municipal, tales como el programa de Vitacura, están ayudando a aumentar la conciencia de los consumidores, pero para que esta estrategia funcione a escala nacional, Chile necesita desarrollar su industria de reciclaje.

Responsabilidad del Productor

En su Evaluación de Desempeño Ambiental 2005, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recomendó, entre otras cosas, que Chile fortaleciera la aplicación del principio de “el que contamina paga”.

En otros países, esto se conoce como Extensión de la Responsabilidad del Productor (EPR, por su sigla en inglés). Este sistema, implementado en Europa en la década de los 90, hacer al productor o importador responsable de recuperar productos como llantas, aceites, baterías y ampolletas al final de su vida útil.

Pero los expertos dicen que Chile podría no estar listo para este tipo de sistema. No solo exige estrictos controles y seguimiento, sino que también una industria de reciclaje con mercados desarrollados y una estructura de costos competitiva, algo que Chile no tiene, todavía.

Una propuesta alternativa, incluida en el proyecto de ley de reforma tributaria del Gobierno, es un “impuesto verde” que se aplicaría a productores o importadores de ciertos artículos tales como los mencionados anteriormente.

El impuesto, que variaría de US$1.000 por un kilo de baterías a US$60 por un litro de aceite, efectivamente significa que el costo será pagado por el consumidor. Según el Ministerio de Medio Ambiente, esto solo aumentará el precio final entre un 1% y un 2%.

Parte de la cantidad recolectada se usaría para crear un “fondo verde” destinado a subsidiar iniciativas de reciclaje. Los detalles aún deben afinarse, pero este financiaría la totalidad o parte de la instalación, operación y mantenimiento de los programas de reciclaje del sector privado.

La meta es establecer un sistema de EPR para que las empresas se hagan responsables de sus productos “desde la cuna hasta la sepultura”, sostiene Irarrázabal, pero primero Chile necesita infraestructura de reciclaje, una cultura de reciclaje y una planificación de recolección adecuada.

Sanear Isla de Pascua

Aun cuando el reciclaje es incipiente en Chile, algunas municipalidades como la de Isla de Pascua se han asociados con empresas de reciclaje para reducir su basura.

Con 70.000 turistas al año, además de 4.000 residentes permanentes, que generan cerca de un kilo de basura por día, la isla se está quedando sin espacio y los vertederos ilegales están contaminando la napa freática.En el 2009, Gerdau Aza, la mayor firma de reciclaje de acero de Chile y filial del grupo brasileño Gerdau, suscribió un acuerdo con la Municipalidad de Isla de Pascua para reciclar el metal chatarra de la isla.

“Es la isla más aislada del mundo, lo que significa que la disposición de los residuos es un tema importante”, explica Arturo Harlen, gerente de comunicaciones de Gerdau Aza. 

Gerdau donó un compactador de basura y en dos años ha retirado 40 toneladas de chatarra, principalmente autos y artefactos rotos. Isla de Pascua es el único lugar de Chile donde se han informado casos de Dengue por picada de mosquito, lo que significa que los residuos sólidos deben mantenerse en cuarentena por lo menos durante seis meses, pero la Armada Chilena traslada en sus barcos la chatarra hasta el puerto de Valparaíso de manera gratuita.

“Estamos perdiendo dinero en este proyecto, pero ganamos en muchas otras áreas que son incalculables”, sostiene Harlen.

En general en Chile, el 60% del metal chatarra se recicla y cerca del 20% del acero que se consume se elabora a partir de chatarra. Este nivel es bajo en comparación con los estándares internacionales -en Estados Unidos el 52% del acero consumido proviene de chatarra, afirma Harlen- pero esto está cambiando a medida que la población es más educada.

Acuerdos de Producción Limpia

Otras industrias en Chile tienen tasas de reciclaje mucho más bajas, en especial de productos como neumáticos, baterías y plásticos. Pero el Consejo Nacional de Producción Limpia, iniciativa público-privada encabezada por el Ministerio de Economía, está trabajando para cambiar esto mediante la facilitación de Acuerdos de Producción Limpia (APL) con subsidios de la Corporación de Fomento de la Producción de Chile (CORFO).

“Hoy en día hay una competencia desleal, porque las empresas que no se hacen responsables de sus residuos tienen un menor costo que las que sí lo hacen”, señala Jorge Morales, jefe coordinador de APL del consejo. 

El impuesto verde crearía un campo de juego parejo, sostiene, porque todas las empresas pagarían por la gestión de los residuos. Pero incluso sin la ley, algunas compañías están invirtiendo en producción limpia como una cuestión de Responsabilidad Social Empresarial.

Por ejemplo, un APL entre 50 empresas de la industria de la construcción creó una nueva firma denominada Regemac, la que es responsable de la gestión de residuos de los sitios de construcción. Actualmente, cerca del 35% al 45% de los residuos de la construcción se reciclan, principalmente cartón, metal, madera y plástico, pero con mayores economías de escala esta cifra podría crecer, asevera Álvaro Conte, gerente general de Regemac.

Sin embargo, el transporte es un desafío. Corresponde a cerca del 60% del costo de la gestión de residuos y el tráfico, además de la distancia desde los sitios de construcción a los rellenos sanitarios, ha reducido la eficiencia de Regemac, afirma Conte.

Fuera de las principales ciudades el transporte es más costoso dado que los desechos deben trasladarse a Santiago, Antofagasta o Concepción. “Si su operación está en Iquique o La Araucanía tiene que recorrer un largo camino”, destaca Morales.

Otro APL formado por fabricantes de neumáticos que incluyen a Goodyear, Pirelli y Michelin organiza la recolección de neumáticos usados, los que antes terminaban en vertederos ilegales o simplemente se enterraban.

Este acuerdo ha dado paso a un nuevo negocio: la fabricación de productos elaborados a partir de goma reciclada. Polambiente, un negocio familiar fundado en el 2010, recibe los neumáticos y los procesa en su planta en las afueras de Santiago.

“Reciclar no es fácil, porque implica un cambio de hábito, pero hemos superado muchos obstáculos”, sostiene Lorena Torres, gerente general de la compañía.

El mercado era muy pequeño en un principio, pero se ha cuadruplicado en apenas dos años. Actualmente, Polambiente elabora pasto sintético para canchas, pero en el futuro podría fabricar otros productos, afirma Torres. “Estamos permanentemente en la búsqueda de productos creativos que empleen goma reciclada y estamos abiertos a la innovación”. 

Polambiente evaluaría las exportaciones, pero Torres señala que a menos que las empresas paguen por reciclar será difícil competir con países desarrollados. ”No existe ninguna ley en Chile, de modo que tenemos que convencer a las empresas una por una”, indica. “En este momento, estamos en tierra de nadie”.

El impuesto verde sería un paso adelante, destaca, pero aún queda por ver cómo se gastará en realidad el dinero recaudado. “Esperamos que dentro de un año tangamos una ley que estimule el reciclaje en Chile”.

De Residuos a Energía

Otra parte de la solución para el problema de la gestión de residuos de Chile es convertirlos en energía. Esto tiene el beneficio de que, a diferencia del reciclaje, el mercado está bien desarrollado y la tecnología podría pagarse por sí sola rápidamente.

“Es bueno subirse al carro verde y decir que uno está salvando osos polares y águilas, pero en el fondo está el dinero”, dice Carlos Hart, socio gerente de la firma de reciclaje industrial con sede en Seattle Busy Beaver.

A juicio de Hart, nueva tecnología ahora se concentra en convertir basura en energía limpia. “La capacidad de saltar del antiguo modelo de negocios y avanzar directo a la producción de energía debería hacer del ambiente de reciclaje una gran oportunidad”, manifiesta.

El año pasado, KDM Energía, otra división del grupo Urbaner-Dasser, comenzó a operar un proyecto de biogás en el relleno Loma Los Colorados. La planta, que quema metano extraído del relleno reduciendo así las emisiones de CO2, actualmente suministra 9 MW al Sistema Interconectado Central (SIC) de Chile.

Según Verónica Martínez, analista de Centro de Energías Renovables (CER) de Chile, el proyecto se beneficia de incentivos en virtud de la Ley de Energías Renovables No Convencionales y es una inversión “atractiva” a los altos precios actuales de la energía.

Los proyectos de biogás en otros rellenos sanitarios, tales como Santa Marta en Santiago, queman el gas y venden créditos de carbono en virtud del Mecanismo de Desarrollo Limpio, pero no generan energía.

El potencial de generación de los rellenos sanitarios se estima en cerca de 50MW, lo que es una fracción de las necesidades de energía de Chile, pero si los precios siguen altos podrían desarrollarse más proyectos como Loma Los Colorados, indica Martínez.

En tanto, algunas empresas como el fabricante de productos forestales Arauco están abasteciendo parte de sus necesidades energéticas quemando residuos y vendiendo el exceso de electricidad a la red eléctrica. Un nuevo fondo que introducirá CORFO a fines de este año proveerá subsidios para este tipo de proyectos, afirma Martínez.

“La energía es uno de los costos más altos que enfrentan las industrias en Chile y esto podría ayudar a reducir los costos, en especial para las firmas de la agroindustria”, indica.

A la larga, la gestión de residuos en Chile se reduce simplemente a eso: costos. Dado que el reciclaje aún es caro, convertir la biomasa en combustibles o electricidad podría ser la mejor forma para que las empresas chilenas generen ingresos a partir de los residuos.

Las iniciativas de reciclaje como la empresa en Isla de Pascua de Gerdau Aza son buenas para las relaciones públicas, pero los beneficios son difíciles de medir y, en cualquier caso, estos son ejemplos aislados.

El Punto Limpio en Vitacura muestra que cuando se les da una oportunidad, los consumidores están dispuestos a esforzarse por reciclar. Aún queda por ver si pagarán más por productos que incorporen un impuesto verde.

Pero, a medida que la economía de Chile continúa creciendo, inevitablemente generará más residuos y el costo de gestionarla de manera responsable debe ser sostenido por productores y consumidores. Es una cuenta que los chilenos deben estar preparados para pagar ahora, o las futuras generaciones tendrán que hacerlo… con intereses.

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