Una Relación de Amor y Odio

Escribo esto el día después de que se jugara el Torneo Abierto de Golf 2012 en el Royal Lytham & St. Annes en Inglaterra. Este fue ganado por el golfista sudafricano Ernie Els tras un trágico colapso en los últimos cuatro hoyos del encantador, pero nervioso australiano Adam Scott. No lo presencié dado que estaba jugando mi propio campeonato.

Mi relación con el golf es más bien una historia humillante y mis “sentimientos” por Scott son muy profundos. Me encanta el juego, pero también lo odio, ¡con toda la odiosidad que pude juntar! ¿Por qué?

Cuando joven era un golfista bastante bueno, con buena técnica y bastante agresivo. Salvo por un “problema de actitud”, en general estaba conforme con mi juego.

Con el paso del tiempo, tenía cada vez menos tiempo para jugar (y ¡más y más trabajo!), pero en las ocasiones en que logré llegar a la cancha mi juego se fue deteriorando de manera constante y me convertí en una vergüenza. En mis propias palabras, por cierto, todavía era un jugador muy competente, pero por alguna inexplicable razón este talento no se desplegaba en la calle. Mi score por 18 hoyos fue decayendo hasta que llegué a los 100 tiros y luego caí a 110 e incluso a 120. Mi problema de actitud creció hasta que un día me preguntaron si estaba conforme con haber podido lanzar mi palo más lejos de lo que había llegado la pelota de golf… estaba en peligro incluso de perder amigos. Expliqué que lamentaba estar jugando tan mal, solo para que un “amigo” me recordara que siempre había jugado mal (¡!) pero que los gritos, los garabatos y el lanzamiento de los palos al espacio les daba vergüenza a todos. Concordé en que estaba echando a perder su placer y entonces me retiré del golf por casi 15 años.

Ahora regresé: un golfista retrasado, pero (en su mayor parte) más feliz. Me había convencido de que estaba comenzando un nuevo deporte y que cualquier recuerdo que hubiera guardado del golf era simplemente una falla en mis disco duro humano. Nunca más asociaría mis palos de golf con ADM. Sí, Armas de Destrucción Masiva…

Compré nuevos palos, pelotas, zapatos de golf, un guante e incluso tomé unas pocas lecciones. Disfruté de mi juego (aún con 120, pero ¡divertido!) y disfruté socializando con otros golfistas en la cancha. La vida era buena. Me podía reír de mis malos tiros y pelotas perdidas.

Luego tuve una recaída. Estaba en Estados Unidos jugando golf con una hermana, un cuñado y un amigo. Los primeros cinco hoyos fueron un gran éxito y le estaba pegando bien a la pelota. Luego Murphy asomó su fea cabeza y reprogramó mis circuitos. De repente, y muy tontamente, pensé que en realidad era un golfista bastante bueno y comencé a esperar un buen score en cada hoyo. Pero eso simplemente no era posible. Peor, perdería la pelota por completo (no lograría pegarle) o sacaría un pedazo de pasto del porte de un plato mientras mi pelota se movía apenas seis pulgadas. Entonces colapsé. Tras una secuencia particularmente horrible de tiros, grité una palabrota de cuatro letras sin una dirección en particular, pero más bien fuerte. También sentí que ya no sostenía mi palo…

Hubo un silencio total a mi alrededor. Mis compañeros de juego tenían la vista incómodamente fija en sus zapatos y otros jugadores de greens y tees cercanos estaban congelados a mitad del swing. Comencé a murmurar mi disculpa con “¿Alguien vio a dónde quedó mi palo?” Sin que hubiera respuesta, proseguí: “Está muy húmedo… se me debe haber resbalado”. Entonces escuché a una anciana estadounidense señalar: “Les dije que los extranjeros era una mala influencia para el juego”.

Usé los árboles para esconderme mientras volvía al clubhouse y mi auto, donde -para mi horror- estaba el gerente del club. Sonreí avergonzado esperando una reprimenda. “Lo sé, hijo (¡yo tenía edad suficiente para ser su padre!), es solo un juego, trata de disfrutarlo. Incluso de los malos tiros vale la pena reírse”. Quería decirle Sé eso imbécil, pero en cambio le agradecí por su sabiduría, guardé mis palos (¡todos menos el que había desaparecido!) en el auto y me fui manejando.

Acepté (la Sra. Eneldo insistió) en tomar un curso de manejo de la ira y solo después de esto se me permitirá “salir” de nuevo. Todo muy, muy humillante…

Sigo atrapado en esta “relación de amor y odio” con el gran juego; pero ¿encontraré amor?

Santiago Eneldo

(Consejos para practicar golf a santiagoeneldo@yahoo.com)

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