¿Agua para qué?

He vivido mi vida bajo una simple regla: la mejor forma de usar el agua es para limpiar tus dientes. He tratado de usar Gin, Vodka y Tequila (todos ellos son parecidos al agua), pero los resultados han sido menos que satisfactorios; quizás la falta de “aliento fresco a menta” está alejando a los que me rodean.

Bueno, tengo que admitir lo de la ducha ocasional y que también he bebido un vaso de agua esporádico (¡Wákale!), pero evito el H2O siempre que sea posible. Apenas la semana pasada pasé cuatro días en la Región de los Lagos en Chile (Pucón) y no pude evitar el “agua”; estaba ya sea en el agua o bien esta caía a cántaros desde el cielo y luego estaba la combinación de estar “en ella” mientras al mismo tiempo la tenía corriendo por mi cuello y goteando (ofensivamente) en mi cerveza.

Luego me dicen que tenemos una “crisis mundial del agua”. No en mi vecindario; ¡de ninguna manera! No puedo esperar por un par de días de sol…

Lo que he llegado a notar es que en realidad nunca tenemos una escasez de nada, sólo ocurre que “eso” está generalmente en el lugar equivocado. Mis amigos más inteligentes me dicen que Chile se asienta sobre una riqueza extraordinaria. No, no el cobre o el litio, sino que el AGUA. Personalmente, he estado en ella por demasiado tiempo en el último tiempo (y tengo las mejillas empapadas para probarlo…), pero sí entiendo el argumento.

Si Chile combinara sus reservas de agua dulce, como la de lagos, ríos, campos de hielo, glaciares y el segmento de la Antártica que reclama como territorio soberano, entonces sí, ¡alcanzaría -potencialmente- para una enorme cantidad de botellas de agua mineral! ¿Pero cómo se hace llegar esto a Somalia o El Chad a un precio que pueda pagar quien lo reciba? ¡Simplemente no se puede!

Me molesta, como alguien que no bebe agua, que una botella de este líquido con un logo impresionante por lo general cueste más que su equivalente en gasolina de 97 octanos. Ahora, no quiero que piensen que bebo gasolina o siquiera que la “aspiro”, pero puedo viajar más lejos con un litro de gasolina de lo que puedo hacerlo con un litro de agua.

Ahora si pudiéramos adoptar un sistema de Canje Globalizado, entonces habría una buena posibilidad de que pudiéramos satisfacer las necesidades de la gente. Ciertamente no quiero parecer poco empático, pero hay que negociar con lo que se tiene; jugar la mano que te repartieron.

“Le entregaré 500 millones de galones de agua pura (esto es llena de minerales buenos, saludables) en el puerto de su elección a cambio de 9 millones de megavatios de electricidad entregada en Santiago, Chile…”  Ahora eso sí tiene sentido. Tengo agua (que usted necesita) y usted tiene electricidad o combustibles fósiles (que necesito); así que reunámonos y conversemos. Mientras estamos en eso, qué tal si nos envía 10.000 toneladas de arena para playas “urbanas” mejoradas y nosotros a cambio le despachamos 10.000 cajas del mejor Chardonnay de Chile; mejor para usted que el agua…

Santiago, al menos hasta fines de agosto, estaba desesperado por lluvia y entonces, de repente, llovió y llovió. Esto limpió la ciudad (tanto el aire como las calles) y probablemente añadió ¡un mes a la temporada de esquí! También tenemos que recordar que el Cambio Climático ha estado con nosotros desde el comienzo de los tiempos y es cíclico. En estos momentos, el norte de Chile está sufriendo severas condiciones de sequía mientras que el sur “se ahoga”. ¿Qué ocurre en otros países? Bangladesh espera con ansias la temporada del monzón y después sufre las consecuencias de la destrucción, caos y muerte casi año a año. Y luego están las inundaciones en Filipinas, Tailandia y China.

Agua, agua por todas partes, pero ni una sola gota para beber, de lo cual estoy muy agradecido…

Sigo siendo un ávido consumidor de vinos chilenos mientras veo pasar el agua pútrida del “río” Mapocho.

Santiago Eneldo

(Por favor enviar recetas no alcohólicas para cócteles de limpieza dental a santiagoeneldo@yahoo.com)

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