El Vaso Medio Lleno: El Dilema del Agua de Chile

Desde la minería a la agricultura, la industria forestal y la pesca, las principales actividades económicas de Chile dependen del agua dulce. Producir cobre, frutas, vino o salmón sería imposible sin ella. Pero el agua, que la mayoría de los chilenos dan por sentado, no es ilimitada. De hecho, una grave sequía en la zona centro-sur del país ha marchitado cultivos y generado conflictos sobre los derechos de agua. No obstante, Chile no es el único país en esta situación: la escasez de recursos hídricos, en especial para la producción de alimentos, es uno de los problemas económicos y políticos más apremiantes que enfrenta la humanidad.

El agua, por supuesto, es vital para la vida. Dos tercios del planeta están cubiertos por ella, pero la mayor parte de esto es agua salada y, en menor grado, el casquete polar. De hecho, solo cerca del 0,003% del agua de la Tierra es dulce y menos de la mitad de dicha cantidad está disponible para consumo humano. A medida que ha crecido la población mundial en los últimos 50 años y que la intensidad del uso del agua ha aumentado, la demanda de agua se ha incrementado.

Sume a esto los efectos del cambio climático, que ha exacerbado las sequías en algunos países y causado inundaciones en otros, y el mundo parece estar enfrentando una emergencia de agua.

“El agua es un recurso escaso y probablemente se vuelva más escasa debido a la creciente demanda para el consumo humano y las actividades productivas, pero la pregunta es si esta escasez conducirá a una situación crítica”, señala Susana Jiménez, economista senior de Libertad y Desarrollo, centro de estudios con sede en Santiago.

Un Río Corre a través Suyo

A nivel nacional, Chile tiene el privilegio de contar con una abundancia de agua. Según datos del Banco Mundial, Chile tiene una escorrentía superficial total promedio, generada principalmente por lluvias o nieve derretida en la cordillera de los Andes, de 53.000 metros cúbicos por persona al año, cifra muy superior al promedio mundial (6.000 m3) y al mínimo que se requiere para el desarrollo sustentable (2.000 m3).

Además, los lagos y glaciares de Chile en la Patagonia son una importante reserva hídrica que, si se aprovecha, podría aumentar la disponibilidad de agua del país a 70.000 m3 por persona al año.

Pero los recursos de agua de Chile no están distribuidos de manera homogénea. País angosto de más de 4.000 kilómetros de largo y apretado entre la cordillera de los Andes por un lado y el océano Pacífico por el otro, Chile está sujeto a una variedad de patrones de lluvia. En un extremo está el desierto de Atacama en el norte, con casi ninguna participación, y por la otra está el bosque nativo de Valdivia en la Región de Los Lagos, que es uno de los lugares más lluviosos del planeta.

“Chile tiene mucha agua, en especial en el sur, pero nuestro problema es la distribución”, dice Jiménez.

La mayor parte del agua dulce de Chile se ubica bien al sur de Santiago donde la oferta (más de 10.000 m3 por persona al año, según el Banco Mundial) supera con creces la demanda. Sin embargo, desde Santiago al norte, la historia es totalmente diferente y la disponibilidad de agua superficial es de menos 800 m3 por persona.

Esto crea un importante desafío considerando que más de la mitad de la población de Chile y el 69% de su producto interno bruto se concentran de Santiago al norte, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). 

“Desde Santiago al norte, tenemos una importante escasez de agua, en especial en los meses de verano cuando más se necesita para riego agrícola”, sostiene Gonzalo León, jefe de línea agua e industria de la Fundación Chile, entidad sin fines de lucro. “Esto ha empeorado por la reciente sequía”.

Agua, Agua por Todas Partes…

La vulnerabilidad de Chile al cambio climático ha quedado expuesta en momentos en que el país continúa sufriendo producto de una de las peores sequías de las que se tenga registro. En su tercer año ya, la sequía redujo los niveles de los embalses y marchitó cultivos en la zona central de Chile, donde la actividad agrícola es muy intensa.

La sequía, causada por los fenómenos meteorológicos de El Niño y La Niña en el océano Pacífico, ha sido desastrosa para el sector agrícola. El déficit de agua ha alcanzado el 80% en algunas partes del país y el Ministerio de Agricultura ha declarado a más de 100 comunidades, casi un tercio de la nación, en emergencia agrícola.

“Muchos pequeños agricultores en Chile dependen de la lluvia y son particularmente vulnerables a la sequía”, afirma Benjamín Kiersch, funcionario de tenencia de tierras y recursos naturales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Los períodos de sequía son cíclicos en Chile, pero el cambio climático significa que en el largo plazo se espera que el norte se vuelva más seco y que el sur se vuelva más lluvioso. Esto podría crear oportunidades para plantar nuevos cultivos en el sur de Chile, pero hace más difícil la vida para los agricultores en el norte.

Según un estudio de 2010 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de la Organización de Naciones Unidas, el cambio climático podría incrementar la temperatura promedio en Chile en un promedio de 4° Celsius para el 2100 con graves consecuencias para el suministro de agua.

“Esto llevará a una mayor tensión sobre los recursos hídricos, lo que podría generar conflictos”, dice Jiménez. Chile comparte varios ríos con Perú y Bolivia, mientras que podrían surgir disputas con Argentina sobre el agua glacial en el sur, sugiere.

También existe una creciente presión desde el lado de la demanda. A medida que la economía de Chile ha crecido, también lo ha hecho el uso de agua para consumo humano, riego, generación eléctrica y usos industriales.

Según el Ministerio de Medio Ambiente, el uso promedio total de agua de Chile es de 4.710 m3 por segundo, de los cuales el 89% corresponde a usos no consuntivos (principalmente generación hidroeléctrica) y un 11% a usos consuntivos tales como riego en los que el agua no regresa inmediatamente al ciclo del agua.

La agricultura es por lejos el mayor consumidor de agua de Chile, responsable del 73% del consumo total. El consumo residencial en zonas urbanas y rurales representa solo el 6% del consumo, mientras que la minería y otros usos industriales son responsables del 9% y del 12% del consumo, respectivamente.

Por ley, las empresas sanitarias en Chile deben poseer suficientes derechos de agua para garantizar que se satisfaga la demanda residencial, si bien las tarifas podrían aumentar si se ven obligadas a comprar derechos a terceros para asegurar el suministro.

En cuanto a la minería, la mayor actividad económica de Chile, la demanda de agua está creciendo, pero aún es relativamente baja en comparación con la agricultura. “Es sorprendente, pero el volumen de agua usado en la minería es equivalente solo al flujo del canal San Carlos [un canal de regadío en Santiago]”, comenta León.

Profundizando el Mercado del Agua

El actual Código de Aguas de Chile, establecido por el régimen militar en 1981, creó un sistema de derechos de agua privado adjudicado por el Estado. Si están disponibles, cualquiera puede postular a estos derechos que, de manera clave, no están vinculados a la tierra o a su uso.

“La legislación del agua de 1981 permitió que Chile desarrollara con gran éxito sectores relacionados con el agua, en especial la modernización de la agricultura y el riego”, afirma Javier Zuleta, el representante del Banco Mundial en Chile. 

A diferencia de otros países en la región, donde el acceso al agua está ampliamente indefinido, lo que en algunos casos ha generado conflictos, las normas son muy claras en Chile, sostiene Zuleta.

Esto ha llevado a enormes mejoras en materia de agua potable y saneamiento. “Recuerdo una época en que uno no podía bañarse en Reñaca [un balneario cercad de Santiago] debido a la escherichia coli en el agua, pero eso ha cambiado”, dice.

Hoy en día la cobertura de agua potable en áreas urbanas ha alcanzado al 99,8% y el 95,6% de la población cuenta con servicios sanitarios, lo que coloca a Chile al nivel de los países desarrollados, según cifras del Ministerio del Medio Ambiente.

A medida que las prioridades hidrológicas cambien y la demanda aumente, el sistema de derechos de agua privado de Chile debería ajustarse automáticamente a través de la negociación de derechos entre usuarios, pero en realidad el sistema ha sido inflexible, sostiene Kiersch de la FAO.

Una razón para ello es la especulación. Hasta hace poco, los tenedores de derechos no eran penalizados por obtener derechos que no tenían ninguna intención de usar en el corto plazo, impidiendo por tanto que otros los usaran. En el 2005, se introdujo un sistema de cobros ascendentes en el Código de Aguas para cambiar esto.

Hasta ahora su impacto ha sido mínimo. “Los cobros no han tenido mucho efecto en términos de liberar derechos de agua de modo que la gente que en realidad usa el agua pueda legalizar su situación”, indica Kiersch.

Otro problema es la falta de información. En algunos casos, la sobreasignación de derechos y la confusión respecto a la propiedad han conducido a conflictos y a acusaciones de robo.

“La propiedad de facto de derechos necesita formalizarse en muchos casos y no hay ninguna transparencia de la información en el mercado”, afirma Jiménez.

Kiersch enfatiza además la necesidad de contar con una mejor información y aplicación de la normativa. “Con el fin de contar con un sistema de derechos de agua que funcione se necesita tener un sistema para asegurar que esos derechos se honren y que la propiedad se use”, sostiene.

En un estudio publicado el año pasado, el Banco Mundial reconoció que el mercado de agua de Chile ha tenido éxito en establecer un marco regulatorio y en alentar la inversión, pero el documento incluye una lista de recomendaciones para mejorar la eficiencia del sistema.

Estas consideran facilitar la comercialización de los derechos de agua, mejorar la disponibilidad de información sobre recursos hídricos y crear grupos de usuarios de agua para mejorar la eficiencia y transparencia del mercado.

Crear asociaciones de usuarios de agua a nivel local, como ha ocurrido en países como Australia, para resolver disputas y profundizar el mercado de derechos de agua sería una medida positiva, dice León de Fundación Chile.

Agua para Más Adelante

En la primavera en Chile, el agua baja rápidamente desde los Andes a medida que la nieve se derrite, lo que da a los usuarios una pequeña ventana antes de terminar el mar. Pero hay formas de almacenar agua en tierra para ser usada en el verano cuando los suministros son más escasos.

Los embalses son una forma de hacer esto y el Ministerio de Obras Públicas planea invertir cerca de US$1.000 millones para construir seis nuevos embalses para fines de 2014. No obstante, hay otras medidas de ahorro de agua que no cuestan tanto dinero ni demoran tanto tiempo, afirma Kiersch de la FAO.

Los agricultores de la zona centro sur de Chile todavía usan técnicas de riego que derrochan mucha agua, pero medidas como el riego por goteo y los canales artificiales para canalizar el agua hacia acuíferos subterráneos podrían mejorar la eficiencia, señala.

“Los nuevos sistemas de riego por goteo son mucho más eficientes, pero estas tecnologías dependen en gran medida de la capacidad del agricultor para invertir”, indica. Dado que muchos pequeños agricultores no poseen derechos de agua, no pueden postular a créditos. “Es en parte un problema de desarrollo de infraestructura, pero también de derechos de agua”.

Las medidas de eficiencia adoptadas por otros países incluyen sistemas de recirculación y tratamiento de aguas, por ejemplo en los procesos de enfriamiento industrial, para reducir el uso de agua. “En áreas con menos suministro de agua, la demanda por eficiencia es mayor”, afirma Andrés Concha, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril de Chile (Sofofa).

Concha niega que una falta de agua haya afectado la inversión en Chile y destaca al sector minero como ejemplo de esto, pero reconoce que la escasez es un problema tanto para la agricultura como para la minería. Además de las iniciativas de eficiencia, Concha sostiene que se necesitan medidas por parte del Estado para impulsar la oferta y mejorar el manejo del sistema.

“Chile necesita dar señales de que está trabajando para aumentar el suministro, fortalecer el sistema de derechos de propiedad y mejorar el funcionamiento del mercado”, indica.

Abastecer al Norte

No obstante, mejorar el mercado de agua de Chile e invertir en eficiencia solo mantendrá satisfecha su creciente sed por un tiempo acotado. En el largo plazo, Chile aún enfrenta el problema de hallar fuentes alternativas de suministro para las empresas y ciudades en el norte.

Algunas firmas mineras, como BHP Billiton y Minera Escondida, ya han invertido en plantas de desalinización en la Región de Atacama, las que convierten el agua salada en agua dulce para sus procesos. En algunas partes del norte, las firmas de servicios básicos locales también están desarrollando estas plantas para poblaciones locales y otras industrias.

En septiembre, las autoridades ambientales aprobaron los planes de la empresa sanitaria local Aguas Antofagasta para construir un proyecto de desalinización de US$120 millones, que convertiría a Antofagasta en la primera ciudad de América Latina en tener sus necesidades de agua potable satisfechas completamente por medio de la desalinización.

Pero la desalinización tiene una gran desventaja: es costosa. “La desalinización es más cara que usar agua dulce, en especial con los precios actuales de la energía”, destaca Jiménez. De hecho, la energía representa cerca del 80% del costo de la desalinización, lo que significa que es altamente sensible a los precios de la energía.

Dada la actual oposición social a los grandes proyectos de generación en Chile, es posible que la desalinización siga siendo una opción cara. Pero se están estudiando otros proyectos para transportar agua dulce por miles de kilómetros desde el extremo sur hasta donde se necesita en el norte. “Hay otras formas para usar esta agua, pero requieren una enorme inversión e innovación”, sostiene Jiménez.

Un proyecto de este tipo es el ducto de 1.600 km AcquaAtacama que está siendo desarrollado por la constructora francesa Vinci. El ducto aspira a transportar hasta 35 m3 por segundo de agua desde los ríos de la zona centro sur de Chile hasta el extremo norte. La filial chilena de Vinci, Vía Marina, aspira a presentar su estudio de factibilidad al Gobierno a comienzos de octubre.

Chile no sería el primer país en construir un ducto de este tipo; Singapur, que prácticamente no tiene agua dulce propia, importa el 40% de su agua desde Malasia a través de tres ductos submarinos. Pero los ductos requieren electricidad para el bombeo y su construcción es costosa.

Otra solución es transportar el agua por barco. La firma chilena Waters of Patagonia, que tiene derechos sobre 8.000 litros de agua por segundo en la Región de Aysén, planea embarcar agua en grandes contenedores plásticos a la Región de Atacama y, con el tiempo, exportar al Medio Oriente y otros países.

“Estos proyectos aún están en etapas iniciales, no hay nada concreto todavía, pero son una posible solución de largo plazo”, comenta Gonzalo León.

En el corto plazo, mejorar el acceso al agua requiere que todos los usuarios de agua se involucren en el proceso de toma de decisiones. Como sugiere el Banco Mundial, una mayor información ayudaría a los agricultores y a otros a tomar mejores decisiones relacionadas con el agua. Pero esto solo ayudará hasta cierto punto, dado que el suministro de agua en definitiva depende del clima.

Chile no puede predecir el clima o controlar los efectos del cambio climático, pero sí tiene la capacidad de usar su agua de manera más eficiente. Hay pocas lluvias previstas para los próximos meses, las que podrían aliviar a los agricultores, pero si Chile es capaz de aprovechar su considerable potencial de agua en el sur, el vaso podría estar medio lleno.

Julian Dowling es editor de bUSiness CHILE

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