Pura Patagonia en una Botella

Para Juan Enrique Benítez, el agua es más que un pensamiento tardío, que la humilde copa para acompañar el paso del plato principal. Benítez cree que el agua tiene memoria, trayendo consigo no solo sus minerales, sino que también la energía emocional que la rodea cuando es capturada, almacenada y consumida. Esta creencia, compartida por muchos en Chile y el extranjero, dirige el proceso de embotellado de Aguas Glaciar, el productor del agua patagónica súper premium Ice Swan, firma de la que Benítez es gerente general y socio.

Aguas Glaciar es una de las pocas empresas chilenas que apunta a comercializar las limpias y abundantes aguas de la Patagonia al mundo. Como las aguas Aonni, Crevasse y Puyehue, Ice Swan se beneficia de la geografía única de las lluviosas y sureñas latitudes de la Patagonia. Glaciares y selvas tropicales templadas similares se pueden encontrar en Alaska y Columbia Británica, por ejemplo, pero los consumidores preocupados por la contaminación atómica e industrial a veces prefieren el agua austral, y mientras más antigua mejor.

La planta de embotellado de Ice Swan, cuyo costo de construcción fue de US$3 millones, se encuentra en Puyuhuapi, al norte de Coyhaique en la Región de Aysén. La construcción requirió transportar equipos y materiales por barco para evitar la construcción en la Carretera Austral. Eso puede haber duplicado los costos de construcción, señala Benítez. La recompensa es que la planta está a un kilómetro de una cascada llena de glaciar recién derretido a 200 kilómetros de la ciudad más cercana. El agua, sostiene, tiene un muy bajo contenido mineral y se ha almacenado en el glaciar por 40.000 años.

Desde las cascadas, un tubo plástico de 2,5 pulgadas sirve como sifón de gravedad y lleva el agua a la planta de embotellado. La planta misma es un cubo de vidrio extremadamente negro que refleja los bosques circundantes. En su interior, nueve empleados operan las máquinas que rellenan y tapan las características botellas de vidrio de la compañía.

El agua se recibe en la planta con música de piano clásica del compositor chileno Joakin Bello, sostiene Benítez. “Es embotellada con mucho cuidado de modo de mantener su estructura molecular sin expandirla, sin estrés. Es la única planta en el mundo con este proceso”.

El arribo de Ice Swan al mercado pondrá a prueba la demanda de agua que cumple con los principios de Masaru Emoto, autor japonés que sostiene que la estructura molecular del agua se ve afectada por las emociones, la música e incluso por las palabras impresas. Quienes creen en ello ponen las botellas cerca de sonidos armónicos, como carrillones.

Benítez tiene cuidado de no hacer afirmaciones de salud específicas basadas en la música y señala solo que eso hace que el agua sea más relajante y satisfactoria.

La respuesta en Chile ha sido positiva, dice Benítez. Aquí Está Coco, uno de los restaurantes más exclusivos de Santiago, señala que vende hasta 30 botellas por día. Coquinaria, el emporio de alimentos ubicado en el subsuelo del Hotel W de Santiago, vende una botella de 750 ml de Ice Swan por 3.950 pesos (cerca de US$8), casi el mismo precio que una botella de vino de rango medio.

La planta puede llenar un máximo de 1.200 botellas por hora, pero las ventas aún están en gran medida en modo de inicio: apenas 400 cajas por mes.

“No estamos en los supermercados porque no queremos estar ahí ni tampoco queremos estar en ningún lugar viejo”, afirma Benítez. “Es un producto para un público particular”.

Por ahora, esos consumidores están en su totalidad dentro de Chile. Aguas Glaciar aún está en el proceso de certificación de Buenas Prácticas de Manufacturas (GMP, por su sigla en inglés) y del Sistema de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP, por su sigla en inglés) de seguridad alimentaria, los que le darán acceso a los mercados internacionales. Benítez indica que espera obtener la certificación antes de fines de septiembre.

Algunas personas critican al agua glacial por su contenido muy bajo de minerales, señalando que carece de sabor. Y en algunas partes del mundo, se ha puesto más de moda beber agua de la llave por razones ambientales. Benítez no toma ni un poco de ella. En cuanto a los minerales, afirma que obtenemos muchos de ellos en nuestros alimentos y que hay algo excepcionalmente refrescante en el agua glacial.

Y ¿la demanda del mercado? Benítez sostiene que consiguió una respuesta positiva en la feria Washington Summer Fancy Food Show realizada en junio y que otros compradores del Medio Oriente, Japón y China han manifestado interés. Un cliente chino solicitó 400 cajas solo como muestra, afirma. El mercado ahí podría devorar la producción completa de la compañía. En cambio, dice estar tratando de restringir las ventas a las ubicaciones más exclusivas y apuntar a ventas de 100.000 cajas por año.

“Nuestro enfoque en estos momentos está puesto fundamentalmente en Estados Unidos y China”, indica.

Hasta ahora, Benítez ha dependido de conferencias y de recomendaciones boca a boca para el marketing. Si bien él es director de videos publicitarios y trabajó previamente con clientes que incluyeron al presidente Sebastián Piñera, sostiene que la empresa “no tiene una estrategia de comunicaciones”.

Cuando Roger Waters, bajista y cantante del grupo rock setentero Pink Floyd, estuvo de gira en Santiago a comienzos de este año, Benítez se sintió complacido de que aceptara varias cajas de Ice Swan y la bebiera mientras respondía las preguntas de la prensa. La canción de Pink Floyd “Brain Damage” es el ring-tone del teléfono de Benítez.

De profesión documentalista y productor de televisión, Benítez trabajó con agua antes: agua salada. En el 2007, encabezó un intento para reflotar el primer submarino de Chile, una embarcación de hierro del siglo XIX que se hundió en Valparaíso en 1866. Se unió a él en la expedición de buceo Sebastián Piñera, quien en ese entonces estaba entre campañas presidenciales. Benítez también hizo un documental publicitario sobre la vida privada del presidente Piñera.

El presidente Piñera exhibió una botella de Ice Swan en Aysén tras poner fin a una revuelta regional ahí este año. La llamó “agua de Aysén, agua pura, agua cristalina”. Sirvió una copa y la bebió ante las cámaras.

Steven Bodzin trabaja como periodista freelance en Santiago

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