Diversidad e inclusión: Hacia un Chile más equitativo

En las últimas décadas, la sociedad chilena ha ido evolucionando, mostrándose más receptiva hacia la diversidad e inclusión. En las décadas de los ‘80 y ‘90, las personas con capacidades diferentes, minorías sexuales o adultos mayores eran abordados en campañas sociales, en algunas iniciativas estatales y en medios de prensa a través de reportajes sobre la importancia de la integración, los que a su vez incluían ejemplos de buenas prácticas de países como Estados Unidos.

Con el correr de los años, tanto los conceptos de inclusión como de diversidad en la sociedad han ido adquiriendo mayor relevancia, en términos de su aporte a la calidad de vida de las personas y al desarrollo del país. El Estado ha trabajado en la implementación de políticas públicas que son consideradas como necesarias y claves para una sociedad moderna.

Dicho interés también ha sido abordado por el sector privado mediante el desarrollo de políticas dirigidas a promover una vida productiva y en igualdad de condiciones, independientemente de la edad, género o preferencia sexual de sus colaboradores.

En el país se han dado importantes avances, pero aún tenemos mucho camino por recorrer si, por ejemplo, revisamos las cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las cuales muestran que en Chile las mujeres tienen 23% menos posibilidades de trabajar que los hombres. Sin embargo, la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) 2015 sobre Trabajo, evidenció un avance en las últimas décadas. En 1990, la tasa de participación laboral por sexo era 73,6% para los hombres y 32,5% para las mujeres; la que evolucionó a 71% y 47,4%, respectivamente, disminuyendo la brecha de género. En tanto, la tasa de ocupación por sexo transitó de 67,9% los hombres y 29,4% las mujeres en 1990; a 66,2% y 43,4%, respectivamente.

El desafío de la inclusión del país es de gran interés para la Cámara Chileno Norteamericana de Comercio, AmCham Chile, por lo cual hemos promovido la discusión en torno a estas temáticas, en particular, a través del Comité de Capital Humano, el cual está integrado tanto por empresas como por organizaciones sociales. Para ello, hemos organizado mesas redondas para dar a conocer las buenas prácticas de socios de la Cámara en diversos sectores productivos, además de instancias de capacitación. En todos estos encuentros se ha profundizado en los procesos de integración que incluyen el trabajo con minorías sexuales y adultos mayores. El consenso entre los participantes a estos encuentros ha sido que la diversidad e inclusión no deben traducirse en acciones filantrópicas aisladas, sino en la incorporación a la organización de personas que representen distintos grupos y diversos puntos de vista, lo cual aporta positivamente a la productividad de las empresas.

Chile tiene aún mucho que avanzar en esta materia, para lo cual es esencial conocer y adoptar buenas prácticas de países como Estados Unidos, donde, por ejemplo, la diversidad sexual es considerada como un aporte al desarrollo de las empresas. En 2016, el Índice de Igualdad Corporativa de Human Rights Campaign (HRC) destacó a nivel mundial a compañías norteamericanas como Twitter, Uber, Apple y UPS por sus políticas, prácticas y códigos de conducta de no discriminación hacia empleados y clientes que se identifican como minorías sexuales. El país está avanzando en el camino hacia una sociedad más inclusiva y diversa, con cambios concretos, pero todavía con muchos desafíos por delante que, sin duda, definirán al Chile que queremos construir y que hoy es parte de un mundo cada vez más globalizado en el cual el diálogo, la tolerancia y el bienestar de todos es una prioridad.

Comentarios

El envío de comentarios está deshabilitado.