El salto de la ingeniería antisísmica made in Chile

Luego de que la empresa SIRVE, creada por dos académicos de la universidad católica, demostrara la calidad de sus tecnologías de protección sísmica en chile tras el 27/F, está consolidando su internacionalización, ámbito en el que han sido claves su participación en estudios con universidades y entes gubernamentales en EE.UU., la apertura de una oficina en Perú y sus operaciones en Nueva Zelanda.

Por María Ignacia Medina

Tras comprobar que su familia estaba bien, lo primero que hizo el arquitecto y empresario Abraham Senerman la noche del terremoto del 27/F fue conducir desde su casa hasta la Torre Titanium, en ese entonces la más alta de Santiago y ad portas de su inauguración. Aún de madrugada, ingresó junto a un grupo de profesionales para inspeccionar los subterráneos en busca de daños. Salvo detalles menores, el edificio no sufrió deterioros estructurales. “Pasamos la mejor prueba en el mundo para un edificio de esta altura de hormigón armado”, comentó posteriormente, alabando no sólo la calidad de la construcción, sino también al sistema antisísmico del edificio basado en disipadores de energía.

Una dura prueba que SIRVE, la empresa que implementó la solución de protección sísmica en ese edificio, superó con creces en éste y otros doce proyectos “muy emblemáticos, como el Hospital Militar y el muelle de Coronel, donde habíamos desplegado esta tecnología hecha en Chile con mano de obra local”, subraya el socio y fundador de la firma, Juan Carlos de la Llera, sobre las consecuencias de esta emergencia que marcó un punto de inflexión en la iniciativa que emprendió junto a Carl Lüders en 1996, apoyados por la Dirección de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Universidad Católica (DICTUC).

“Fuimos capaces de demostrar que, en Chile y Latinoamérica, se podía enfrentar un sismo de gran magnitud con buenos resultados. Nunca nadie había probado disipadores de energía en un edificio como el Titanium en un terremoto de casi tres minutos, lo que produjo dos efectos: llamamos la atención hacia la ingeniería civil chilena, y ganamos varios premios, incluso internacionales”, recuerda de la Llera, quien fue galardonado en 2011 con el Endeavor Award entregado en la ciudad de San Francisco, Estados Unidos.

La vocación pública

Con su foco en soluciones integrales de ingeniería en protección, diseño estructural y revisión sísmica de proyectos, la capacidad demostrada por SIRVE se sustenta en un activo desarrollo tecnológico e innovación. Un sello que arranca en 1995 cuando de la Llera, ingeniero civil de la UC, volvió de su doctorado en modelamiento y dinámica estructural de reducción de vibraciones y riesgo sísmico en la Universidad de Berkeley. En aquella época, sintió la necesidad de implementar una línea de ingeniería sísmica distinta a la vigente en ese entonces en el país. “En Chile, lo único que decía la norma para un evento sísmico, respecto a las estructuras, era que éstas no podían colapsar ni implicar la muerte de personas. En ese momento, recién se desarrollaba en el mundo el concepto de la protección en dos tecnologías: aislamiento sísmico –que separa las estructuras del suelo con grandes rodillos de gomas– y disipadores de energía, especies de amortiguadores que disipan la vibración”, recuerda el también decano de la Facultad de Ingeniería de la UC sobre el escenario en el cual su equipo trabajó para adjudicarse, en 1996, un Fondef por $ 400 millones, capital que destinaron a investigación e instalar un laboratorio de pruebas. Luego de dos años, pasaron a la etapa de constitución de SIRVE, que en el período entre 2003 y 2010 fue creciendo “de manera constante –con uno o dos proyectos por año, para llegar actualmente a una facturación en torno a $ 4.500 millones– a pesar de que se creó desde la motivación de dos académicos y de estudiantes extraordinarios que, después de quince años, siguen acá a punta de esfuerzo; y con quienes seguimos reinventando esta empresa que tiene un ADN de innovación”.

Respaldada desde 2009 por el Fondo Copec UC (formado por la universidad y dicha compañía) que ingresó a su propiedad, SIRVE tiene a su haber una trayectoria que partió en el Centro Médico de San Carlos de Apoquindo UC, y siguió con proyectos en los hospitales de Antofagasta, Félix Bulnes y Exequiel González Cortés, el estanque de GNL Mejillones y el Centro de Innovación UC Anacleto Angelini.

Junto a su participación en una iniciativa emblemática de rescate patrimonial, como la rehabilitación de la Basílica del Salvador, el mayor proyecto actual es el que están realizando para el Complejo Fronterizo Los Libertadores. Ambas iniciativas van en línea con la vocación de la empresa de aportar al ámbito público, lo que también se refleja en su interés de promover la protección de los hospitales a través de proyectos que actualmente están en negociaciones con el Ministerio de Salud.

“Ya no sólo nos preocupa lo esencial, respecto de que las personas no corran riesgos, sino también que los edificios cumplan con una continuidad operativa”, indica. No obstante, de la Llera reconoce que los proyectos privados tienen un peso cada vez mayor en la cartera de SIRVE.

Las claves de la internacionalización

Uno de los grandes objetivos de SIRVE es la internacionalización, ámbito en el cual han sido fundamentales las experiencias desarrolladas en Estados Unidos. Entre las más importantes, destaca su participación en 2012 en un proyecto en California –dirigido por la Universidad de San Diego y el Network for Earthquake Engineering Simulation (NEES)– que sometió a un edificio de cinco pisos, habilitado como hospital, a un duro test de resistencia sísmica sobre una mesa vibradora –la mayor disponible en el momento en ese país– para estudiar el comportamiento de sus estructuras y equipamiento interior. El aislamiento sísmico aplicado en ese ensayo fue diseñado por los ingenieros de SIRVE, experiencia que fue seguida por su participación en distintas propuestas en Estados Unidos.

Otro paso clave en el exterior tuvo lugar en 2015 con la apertura de una oficina en Perú, desde la cual ha realizado proyectos de disipación de energía antisísmicos en inmuebles como las torres Panorama, Orquídeas, Barlovento y Atlantik Ocean Tower. A la fecha, su trabajo más ambicioso en el exterior corresponde a un sistema de control de las vibraciones producidas por el viento en el edificio más alto de la ciudad de Auckland, Nueva Zelanda, país en el cual están trabajando con firmas locales y capitales chinos, indica de la Llera.

Para abordar las oportunidades más allá de nuestras fronteras, resalta que los grandes desafíos son potenciar la dimensión comercial y la búsqueda de capital. “Estamos en proceso de búsqueda de capital para dar un salto importante, lo que debe venir acompañado de inversión; lograr que esta empresa facture US$ 50 millones o US$ 100 millones es totalmente factible”, indica.

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