Entrevista al vicepresidente ejecutivo de Corfo, Eduardo Bitran

“Estamos haciendo una contribución importante en el largo plazo”

Tras lanzar un Comité de Transformación Digital que impulsará una ambiciosa agenda en distintas industrias para “impact ar de verdad a la economía real”, destaca el aporte de la corporación al desafío de subir a Chile al carro de las tecnologías disruptivas, así como las metas de crecimiento del país en el largo plazo y los avances en el fortalecimiento del vínculo con Estados Unidos.

Por Jorge Isla

A principios de septiembre, el vicepresidente ejecutivo de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), Eduardo Bitran, hizo uno de los anuncios más importantes en el cargo que asumió al inicio del actual gobierno y que, al mismo tiempo, representa tanto una confirmación del sello que ha impuesto durante su gestión, como un eje central del legado que esa corporación busca proyectar en el mediano y largo plazo. Ante más de mil asistentes al 5to. Summit de la Fundación País Digital, dio el vamos al Comité de Transformación Digital (CTD), cuyo objetivo es mejorar la productividad, modernización y crecimiento de la industria y la economía en general, a través de las tecnologías de información, comunicaciones y digitalización.

“Hay dos revoluciones tecnológicas ocurriendo en el mundo: la digital o de Internet industrial, y la transformación de la mano de las energías renovables y la electromovilidad, con un enorme impacto en muchas economías. El país tiene que prepararse, y para que sea capaz de subirse a las transformaciones tecnológicas disruptivas, se requiere impulsar la innovación sistémica con participación de actores de la educación, servicios públicos, empresas y la academia. Si esto no se hace de forma sistémica, es muy difícil avanzar”, enfatiza Bitran sobre los grandes objetivos del CTD. Este es resultado de una preparación de más de tres años y que partió con una cartera de iniciativas vinculadas a la minería, agricultura, ciudades inteligentes, astroinformática, manufactura avanzada, industrias inteligentes, construcción y salud.

Un proyecto cuya materialización consolida el gran papel que ha buscado jugar Corfo en este período, en el sentido de “generar una visión estratégica compartida entre la academia, el sector privado y público en relación a las grandes revoluciones tecnológicas del mundo y las oportunidades para crear capital social”, señala Bitran, quien remarca la importancia de esta perspectiva como un objetivo “sumamente valioso en momentos en que la confianza en las instituciones es baja”.

El vicepresidente ejecutivo de Corfo destaca estos grandes lineamientos cuando la institución está llevando a cabo un proceso de evaluación a fondo en conjunto con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el cual tendrá sus conclusiones en enero próximo. “Podremos entregar esos resultados al gobierno electo, de modo de que ellos también puedan acompañar y acelerar sus procesos de inversión con evaluaciones independientes”, indica Bitran, quien pasa revista al debate sobre el crecimiento económico, las políticas del Estado para los recursos naturales estratégicos y el fomento de desarrollos empresariales enfocados en la irrupción tecnológica, y los pasos que vienen en el apoyo al emprendimiento e innovación impulsados en conjunto por entidades de Chile y Estados Unidos.

–¿De qué manera quisiera que las próximas autoridades juzguen lo realizado por Corfo durante su administración?

–Cualquiera sea el próximo gobierno, hago un llamado a que se dé el tiempo de analizar lo que ocurrió con Corfo en este período, lo que se creó en capital social e iniciativas de impacto real, para que le den continuidad y fortalezcan aquellas cosas que efectivamente están creando valor. Estamos hablando de impactar de verdad a la economía real con las llamadas “industrias 4.0”, que irrumpen en muchas partes del mundo. Acá estamos dejando un legado para cualquier gobierno que venga, en términos de un equipo profesional, una serie de proyectos con recursos y enfocados en la transformación digital del país, junto a la vinculación público-privada. Estamos haciendo una contribución importante al país más allá del gobierno, pensando en el largo plazo.

–Ahora que el crecimiento se ha instalado como el gran tema del país, ¿cuál debería ser el énfasis correcto para avanzar en este ámbito?

–Es interesante que nos preocupemos del crecimiento. Sacando a Corfo de la discusión coyuntural política, nosotros estamos en eso desde una perspectiva de más largo plazo, en línea con lo que el Premio Nobel Paul Krugman dijo en una célebre frase: “cuando hablamos de crecimiento la productividad no lo es todo, pero el largo plazo es casi todo”. O sea, más allá de los vaivenes del precio del cobre, lo fundamental es la capacidad de generar más valor con los recursos que se tienen, tema en el que centramos nuestra acción.

–A su juicio, ¿sobré qué ejes se debe centrar la discusión de largo plazo?

–En el largo plazo, la productividad total de factores influye también en el comportamiento de la inversión, y como país tenemos un problema. La Comisión Nacional de Productividad acaba de sacar un estudio que concluye que durante los ‘90, la productividad total de factores crecía al 2,3%, y que entre los años 2000 y 2010 baja dramáticamente a 0,3%, y hasta el año 2015 cae, al menos, a 0,2%. Entonces, se trata de un fenómeno de crisis de productividad ¡que lleva 17 años!, sin ningún paréntesis a lo largo de todos los gobiernos. Y en el actual contexto de transformaciones tecnológicas disruptivas, existe el riesgo de que se profundice este problema de productividad.

–¿Cuál es la manera de revertir eso?

–Estamos súper atrasados. El país debe entender que la incorporación de estas tecnologías a la economía requiere un enfoque sistémico en todos los ámbitos –desde el capital humano, regulaciones, infraestructura, capacidades de absorción de la pequeña y la mediana empresa– todo lo cual requiere un consenso y un nuevo estilo de política. Eso es lo que he estado tratando de hacer en Corfo, rompiendo los silos dentro del aparato público y trabajando con muchos de los ministerios y también con múltiples sectores privados.

La política hacia los recursos estratégicos

–En cuanto al litio, Ud. ha sido enfático sobre la misión del Estado en relación a recursos cuyo valor está asociado a la revolución tecnológica mundial. ¿Cuáles son los objetivos?

–En el mundo habrá 40 millones de autos eléctricos a 2035, una extraordinaria noticia que genera una demanda gigantesca por minerales que tenemos, pero que tienen que ser producidos de forma limpia y tenemos la mejor radiación solar del mundo. Tenemos la posibilidad de hacer una transformación de la economía minera industrial chilena de la mano de la energía solar para satisfacer una demanda mundial por litio, por cobre bajo en emisiones, y eventualmente por cobalto y por tierras raras que están en los relaves.

–Ud. también ha sido enfático en la defensa de los intereses del Estado sobre la explotación del litio. ¿Cómo proyecta esa misión?

–En cosas bien concretas. Calculo que el acuerdo con Albemarle permitirá aumentar la producción de esa compañía de 30 mil toneladas a sobre 100 mil toneladas de carbonato de litio en los próximos tres años, en un mercado mundial de 200 mil toneladas. Y esa empresa concordó con nosotros en vender localmente sin subsidio al precio de exportación un porcentaje de su producción, y estamos convocando al sector privado a aprovechar esto. El solo hecho de tener energía limpia solar, ha hecho que vengan empresas que nunca hubiéramos pensado, como el líder de vehículos chinos (Baic Group, una las 15 mayores automotrices del mundo y entre las principales en autos eléctricos) que se nos acercó hace pocos días.

–¿Hasta qué punto llega el rol de fomento del Estado?

–Van a ser las propias empresas las que van a definir, y no nosotros, lo que van a hacer eventualmente con este litio, cobalto o cobre bajo en emisiones o con la energía eléctrica solar. Desde el Estado, el rol es de ir al mundo a visibilizar las oportunidades en Chile.

Fortalecimiento de la relación entre Chile y EE.UU.

–¿Cuál es su balance de las relaciones que se han establecido con Estados Unidos en el ámbito de Corfo y que se han materializado en acciones de apoyo a los emprendedores como el caso de las distintas versiones del programa Look North de la Cámara Chileno Norteamericana de Comercio?

–Hemos tenido un rol bien importante en colaboración con AmCham Chile. Partimos en el tema biotecnología, en el cual el profesor chileno Fernando Martínez –que dirige un centro de la Universidad de Arizona que cumple un rol clave en hacer transiciones desde la investigación a los negocios–, fue el líder a cargo de armar una estrategia público-privada en dicho ámbito. Y, en ese contexto, nos vinculamos muchísimo con AmCham en este trabajo con toda la industria biotecnológica nacional hacia los centros y líderes mundiales.

–El acuerdo entre Chile y Massachussetts generó recientemente el ChileMass Tech Bridge con alianzas y cofinanciamiento de proyectos conjuntos. ¿Cómo se implementará este trabajo?

–Establecida como una corporación sin fines de lucro, el proyecto ChileMass Tech Bridge está inspirado, en parte, desde la biotecnología, porque la primera institución que se ha vinculado con nosotros en forma significativa es el Massachusetts Life Science Center. Este puente nos va a permitir pensar en un gran escalamiento de los negocios en biotecnología y, además, aplicarla a temas locales. Pero no sólo eso, ya que queremos concretar vínculos específicos con las tres agencias –digital, biotecnología y tecnologías limpias–, para promover la colaboración entre empresas chilenas y de Massachusetts en innovaciones relevantes para nuestro país.

–¿El proyecto Chile-Mass abrirá una oficina en Massachusetts?

–Obviamente. La corporación va a tener en enero una oficina, cuya presidenta ejecutiva es Yuly Fuentes, biotecnóloga chilena radicada hace más de 15 años en Estados Unidos, quien tiene muchos vínculos con el Gobierno y todo el ecosistema, y va a liderar el matchmaking de negocios de ambas partes.

–¿Cuál ha sido el desarrollo de otros acuerdos como el establecido entre Chile y California?

–Al respecto, estamos tratando de reorientar el tema de California hacia la innovación. Y se nos han acercado otros estados que también tienen interés en hacer vínculos con nosotros, y los estamos explorando. Los estados tienen un rol muy importante y el apoyo del embajador Juan Gabriel Valdés, como de la Cancillería en general, han sido claves, y esperamos fortalecer los vínculos con Estados Unidos en los temas de innovación y tecnología.

Los pasos de la transformación digital

“En los últimos diez años, el único sector exportador que ha tenido un crecimiento de dos dígitos es el de servicios vinculados a la tecnología, pasando de US$ 300 millones en 2000 a US$ 3 mil millones en 2015”, enfatiza Eduardo Bitran sobre otra de las razones que llevaron al lanzamiento del Comité de Transformación Digital.

La estrategia de esta entidad se funda en un enfoque de “cuádruple hélice”, al añadir la sociedad a los esfuerzos conjuntos del Gobierno, universidades y empresas. Entre sus primeras iniciativas destaca el Programa de Becas para Mil Programadores, que tras su primera edición ampliará su cobertura a tres mil cupos. “En vista de los excelentes resultados, en una alianza entre Corfo, Sence, Sofofa y ACTI afinamos los estándares y ahora lo lanzamos ampliamente”, detalla. Otro caso destacado ha sido la incorporación de la herramienta digital BIM (Building Information Modeling) –que mejora la gestión de los procesos de construcción– por parte del Ministerio de Obras Públicas, aplicándola en el desarrollo de una cartera de proyectos cuyo monto representa 70% de su presupuesto de este año.

En tanto en el ámbito de la salud, al desarrollo de la receta electrónica interoperable seguirá el lanzamiento de una ficha médica que cada persona podrá tener independiente del establecimiento donde se atienda, iniciativa cuya partida está prevista para fines de 2017.

“Estos son temas de un impacto notable en la productividad y calidad de los servicios públicos”, destaca.

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