Entrevista al Ministro de Economía, José Ramón Valente

José Ramón Valente, ministro de Economía:

“Me gustaría que al menos se duplicara la inversión de las empresas americanas en Chile”

Que el país ha perdido dinamismo y competitividad, es el diagnóstico del actual gobierno. Por eso, entre los objetivos del Ministerio de Economía está el reimpulso al crecimiento y la atracción de inversiones extranjeras, para lo que se espera, por ejemplo, agilizar el proceso de evaluación de proyectos y preparar a Chile para el salto definitivo a la revolución tecnológica. Potenciar la relación comercial y acercar la regulación chilena con la de Estados Unidos también son parte de los propósitos que se impulsarán en la cartera para los próximos cuatro años.

Por Claudia Marín

Una apretada agenda ha tenido el economista José Ramón Valente desde que a comienzos de año se anunció su llegada al Ministerio de Economía y, también, luego de asumir el cargo el 11 de marzo pasado. Hasta entonces, su labor había estado enfocada en el mundo privado, sector que dejó por completo para abocarse a sus nuevas tareas y, recién conocido su nombramiento, inició una serie de reuniones con empresas e instituciones para delinear la que es una de sus principales tareas: reimpulsar la inversión en el país.

Este foco es uno de los tres pilares que marcarán la acción de la cartera. El segundo es mejorar la productividad y la competitividad y el tercero, preparar a Chile para la economía del futuro.

El diagnóstico es claro y apunta, entre otras cosas, a que la lentitud de las instituciones ha desincentivado el atractivo de este mercado para las empresas extranjeras. De hecho, estima que para recuperar los índices de inversión que había en 2013, al finalizar el primer gobierno de Sebastián Piñera, el país debería crecer a un ritmo de 6% o 7% anual. A partir de ahí podría elevarse la inversión foránea de 22% a 25%.

“Chile se ha transformado con el tiempo en un país burocrático, donde los permisos son difíciles de obtener y los tiempos son muy largos para el desarrollo de proyectos”, explica el ministro, quien es ingeniero comercial de la Universidad de Chile y tiene un MBA de la Universidad de Chicago. Por eso, ya anunció la creación de una Oficina de Grandes Proyectos, que agilice el recorrido de esas posibles inversiones por las instituciones y la regulación chilena, y acelere la llegada de este tipo de iniciativas.

Valente asegura que “es perfectamente posible” mantener los niveles de estándares regulatorios y de cuidado del medio ambiente, pero con un proceso de inversión más acotado y con menos incertidumbres desde el punto de vista del inversionista. De esta manera, la Oficina estará a cargo de tener un catastro de proyectos y de hacerles seguimiento, para lo que espera que a ella se integren representantes de cada uno de los ministerios y las instituciones involucradas, para que la coordinación interministerial para llevar a cabo los proyectos se pueda hacer desde esa instancia.

“Es un proyecto ambicioso, pero yo creo que tiene un apoyo transversal y estamos muy entusiasmados de llevarlo a cabo”, dice el secretario de Estado.

–El segundo pilar tiene que ver con la creación de una Oficina de Competitividad y Productividad. ¿En qué se diferencia de la institucionalidad que ya existe en esa materia?

–La Comisión Nacional de Productividad (CNP) hace estudios respecto de lo que habría que hacer para mejorar la productividad, pero no hay instituciones muy claras que ejecuten sus recomendaciones. Entonces, una de las labores de esta Oficina es llevar a cabo las que provengan de la CNP o de otros sectores, crear los proyectos de ley cuando se necesiten, redactar las normativas cuando se requieran y derogarlas cuando sea necesario. Hay un quehacer importante ahí.

–En competitividad, ¿cómo espera avanzar?

–Parte del trabajo de esa Oficina será hacer de Chile un mercado más competitivo, lo que significa eliminar barreras de entrada a ciertas industrias para que no haya privilegios que limiten la entrada, y reducir la burocracia para poner al mismo nivel a las grandes y pequeñas empresas. El tercer punto importante será buscar las mejores prácticas fuera del país. Queremos que Chile pueda competir con el resto del mundo, por lo que tenemos que ver cuáles son las mejores regulaciones que hay a nivel mundial y ojalá homologarnos con esas mejores regulaciones, de tal manera que trabajar desde Chile sea similar que hacerlo desde Europa o desde Estados Unidos.

–Respecto del tercer pilar, ¿de qué forma planea impulsar en Chile lo que usted ha llamado la “economía del futuro”?

– Hay muchas instituciones que están dedicadas a este tema, por lo que el Ministerio verá cuáles son todas las cosas que están pasando para proponer, multisectorialmente, cómo deberíamos ir adaptando nuestra regulación para subirnos a este carro. Hay avances en la digitalización del Estado y otras iniciativas para digitalizar, pero hay que ponerle un ritmo mayor. El desarrollo tecnológico se está moviendo de forma muy vertiginosa en el mundo y tenemos que sumarnos a esa cuarta revolución industrial. Necesitamos tomar bien en serio lo que está ocurriendo en el mundo de las nuevas tecnologías.

Armonía regulatoria

–Usted ha dicho que no es necesario reinventar la rueda en términos regulatorios, sino que se pueden imitar buenos modelos. ¿Qué podemos aprender de Estados Unidos en ese sentido?

–Mucho. Admiro enormemente la capacidad de los americanos de tener empresas pequeñas y que rápidamente logran expandirlas hacia todo el país. Ahí tenemos mucho que aprender.

–¿En qué sentido?

–Necesariamente, para llegar a ser grandes compañías, nuestras empresas tienen que expandirse más allá de las fronteras. La capacidad que ha demostrado, por ejemplo, una empresa chiquitita como Starbucks, partiendo en Seattle y de ahí ampliarse a todo EE.UU., es algo de lo que podemos aprender porque somos un país pequeño que depende de la capacidad de crecimiento de nuestras empresas.

–¿Cómo podemos replicar ese modelo?

–EE.UU. es un país federal, pero sus estados tienen regulaciones bastante armónicas. No es tan difícil hacer que un Starbucks que funciona en Seattle, lo haga también en California: moneda común, leyes más o menos parecidas. Esa armonía entre los estados les permite hacer negocios interestatales muy fácilmente. Los europeos están tratando de imitar eso con la Unión Europea (UE), que les permite hacer negocios interpaíses. Por eso digo que armonizar regulatoriamente a Chile con el resto del mundo es vital.

–¿Y son compatibles las regulaciones de Chile y EE.UU.?

–En el mundo hay buenos ejemplos de cómo sus regulaciones se han podido armonizar. Además de la UE, están Australia y Nueva Zelanda, o EE.UU. y Canadá, donde la facilidad de cruzar las fronteras es muy grande. Chile tiene que aprender de esas acciones y tenemos que adaptarnos.

–¿De qué manera?

–Ya lo hicimos con el comercio exterior, eliminamos las barreras de aranceles para potenciar el comercio. Lo mismo hay que hacer desde el punto de vista regulatorio, es decir, que además del libre tránsito de bienes tengamos un ambiente donde las inversiones de ida y vuelta también sean mucho más fáciles.

Potenciar las inversiones

–Antes de asumir, usted se reunió con 53 compañías y potenciales inversionistas. ¿Hubo empresarios estadounidenses? ¿Qué impresión tienen ellos sobre el país?

–Nos juntamos con algunas empresas de EE.UU que tienen proyectos acá y, en general, la visión que tienen las compañías extranjeras es que Chile es un país que funciona bien, pero que en los últimos años se ha puesto burocrático.

–¿Cómo los reencantamos?

–Mostrando que este país es mucho más estable institucionalmente que el resto de Latinoamérica. Tenemos que decirles que seguimos siendo un país de baja inflación, que maneja bien sus finanzas públicas.

Más que el cobre

–En términos de oportunidades, ¿cuáles son las apuestas que debiera hacer Chile en este momento? ¿Seguiremos dependiendo del cobre?

–Chile depende de los chilenos y no del precio del cobre. El precio del metal rojo es relevante en las fluctuaciones de corto plazo y puede hacer que un año crezcamos mucho y el siguiente, menos. Pero si uno toma la historia de las últimas tres décadas, los de mayor crecimiento en Chile –a principios de los ‘90– fueron años donde el precio del cobre estuvo bastante bajo. Eso demuestra que somos mucho más que el cobre y que la verdadera riqueza de Chile está en sus personas y en la capacidad empresarial que ha demostrado.

–¿Cómo se impulsa esa capacidad empresarial?

–Hemos creado emprendimientos que partieron muy chicos y que se han transformado en multinacionales o en proyectos súper exitosos, como la industria del arándano, Crystal Lagoons o LAN. No sabemos cuál es el próximo, pero sí que los chilenos han demostrado que una economía bien estructurada desde el punto de vista de las instituciones, en la cual sea relativamente fácil hacer negocios y donde el gobierno mantenga el orden necesario para que las tasas de interés sean bajas –para que haya acceso al crédito y que la inflación sea baja–, hace brotar espontáneamente la creatividad. Le tengo una tremenda fe a esa creatividad para salir afuera y hacer negocios.

–¿Cuál es el próximo gran negocio de Chile?

–No lo sé, pero tengo una confianza enorme de que está ahí, va a salir y nos va a sorprender a todos.

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