Columna: ¿A dónde se fue el crecimiento?

Por Brian P. Chase

Portfolio Manager Head of Andean Equities Itaú Asset Management

En los últimos meses, la trayectoria de crecimiento de Chile se ha moderado considerablemente. Esto ha sido algo sorprendente dado el viento cíclico y estructural que debería estar impulsando el crecimiento por encima del potencial, como ocurrió a principios de este año. Podemos identificar muchas explicaciones válidas para esta desaceleración, pero también hay pocas señales de una reversión potencial en la tendencia, especialmente en un momento en que los bancos centrales del mundo están pendientes del ciclo de política monetaria contractivo del Sistema de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos.

Los datos de agosto han mostrado algunas duras realidades para la economía chilena: la producción industrial se contrajo 1,8% y las ventas minoristas 3,4%, ambas muy por debajo de las expectativas del mercado. Luego de lograr un crecimiento acumulado del 4,4% en los primeros siete meses del año, de acuerdo con el indicador proxy del PIB IMACEC, el país podría ver un crecimiento por debajo del 3% en el tercer trimestre de 2018. Esto también es un desafío para las expectativas del mercado en torno a un crecimiento del 4,0% en todo el año 2018, lo que posiblemente resulte en la primera rebaja de pronósticos desde enero de 2017.

Esta tendencia de crecimiento ha producido en gran medida una disminución en la confianza empresarial, según lo informado por el Índice IMCE de Icare. Las posibles explicaciones incluyen un enfoque del gobierno en una mayor austeridad fiscal, proyectos de inversión privados estancados, escalada de la “guerra comercial” global, aumento de las tasas de interés y el contagio dentro de los mercados emergentes (EM), liderado principalmente por países de alto déficit gemelo (Argentina, Turquía) y en medio de un ciclo electoral (Brasil, Sudáfrica).

La postura de “América primero” del Presidente Trump parece haber impulsado una nueva versión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por su acrónimo en inglés), lo que probablemente implicará una postura más agresiva con otros socios comerciales clave, particularmente China. Como se abordó en ediciones previas de esta sección, los conflictos comerciales tienden a ser contractivos.

Sin embargo, la última intensificación aún no ha afectado el crecimiento económico de EE.UU., mientras que los niveles de confianza interna se mantienen elevados y podrían verse respaldados por una menor volatilidad política después de las elecciones de mitad de período. Además, con la vista puesta en las elecciones presidenciales de 2020, es probable que el Sr. Trump siga impulsando una agenda a favor del crecimiento, lo que posiblemente genere nuevas iniciativas en los próximos meses. Esto debería seguir favoreciendo un fuerte dólar estadounidense y un mayor ajuste de la política monetaria por parte de la Reserva Federal. Con crecimiento desacelerado fuera de EE.UU. y los bancos centrales en una situación difícil, esto probablemente signifique vientos en contra para el crecimiento de economías emergentes, requiriendo más factores estructurales para un dinamismo renovado.

Dada la economía abierta de Chile y sus fuertes lazos con China, las presiones externas parecen ser más elevadas, especialmente cuando los precios del cobre han comenzado a reflejar las preocupaciones del mercado de una desaceleración global más amplia. Una pronunciada recesión en Argentina y la incertidumbre en torno a las elecciones en Brasil solo están aumentando la volatilidad. Mientras tanto por el lado doméstico, a pesar de la desaceleración del crecimiento y la holgura en el mercado del trabajo, el Banco Central ajustó recientemente el lenguaje en sus comunicaciones para preparar al mercado ante eventuales alzas de tasas; que algunos participantes del mercado creen que podría llegar a materializarse en octubre. Aunque puede haber espacio para estímulos marginales a través de ajustes en impuestos y la eliminación de cuellos de botella en proyectos de inversión, el balance de riesgos está claramente sesgado a la baja.

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