Reportaje: Astronomía en Chile, el impulso para el crecimiento del país

La puesta en marcha de gigantes observatorios la próxima década hará que Chile albergue el 70% de las capacidades radioastronómicas del mundo, lo que además implicará un desarrollo científico que es capaz de permear al resto de los sectores productivos.

Por Vanessa arenas y Carmen Mieres

Siete espejos de 8,4 metros, ajustados a una estructura de acero en una edificación de 65 metros de altura –casi la mitad de la Torre Entel, en Santiago–, producirán imágenes con una definición diez veces mayor que las del telescopio espacial Hubble. Se trata del Giant Magellan Telescope (GMT), proyectado como el más grande y potente del mundo y que será empleado para detectar fenómenos como cuásares, reminiscencias de brotes de rayos gamma, meteoritos y nuevos planetas con capacidades similares a la Tierra para, eventualmente, responder a la gran interrogante: ¿hay vida extraterrestre?

Con una inversión de US$ 1.300 millones, se espera que el GMT esté operativo después del año 2020 en el Observatorio Las Campanas, a 50 kms de Vallenar en el desierto de Atacama. Junto con él, la puesta en marcha del Gran Telescopio para Rastreos Sinópticos (LSST, por sus siglas en inglés), del Tokyo Atacama Observatory (TAO) y del Telescopio Extremadamente Grande (E-ELT), también pronosticada para la próxima década en los cerros Pachón, Chajnantor y Armazones, respectivamente, hará que Chile albergue cerca del 70% de las capacidades terrestres de observación. Actualmente, esa cifra llega al 40%.

En nuestro país se concentra la mitad de la inversión global en esta ciencia pues durante las últimas seis décadas, han arribado los más importantes observatorios internacionales a las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, que poseen los cielos más oscuros de noche, una contaminación lumínica nula o muy baja y la mayor radiación solar del mundo, con un potencial de capacidad instalada en torno a 200.000 MW, según un estudio de Marca Chile.

Pero más allá del desarrollo astronómico per se que este escenario significará para el país –la astronomía genera poco más del 10% de la producción científica nacional–, la apuesta va más allá que profundizar nuestra condición de laboratorio natural más adecuado del mundo para el estudio del universo, buscando aprovechar la enorme cantidad de data que generan estos centros: el gerente de Innovación y Tecnología de Microsoft Chile, Wilson Pais, plantea que la información se medirá en Petabytes (PB) –un solo PB equivale a mil discos duros portátiles– e incluso en Exabytes, cuya magnitud se equipara con 6.900 millones de discos de música en formato MP3.

En los próximos cinco años, por ejemplo, ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) incrementará su capacidad de producción de datos científicos en al menos tres veces, lo que significa una producción anual superior a un PB. Asimismo, cuando el LSST esté completamente instalado, podrá tomar una imagen completa del cielo en varios filtros, cada tres noches, produciendo 20 terabytes al final del día. Así, “la película más grande del cielo” tendrá datos que superarán a los que se propagan hoy a través de Facebook, Twitter e, incluso, Google.

Referentes en data science

No por nada, hace tres décadas se tomó la decisión de que los observatorios internacionales recibieran un “estatus diplomático” en Chile, dice el embajador Gabriel Rodríguez, director de Energía, Ciencia y Tecnología e Innovación del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Es que el procesamiento de los datos astronómicos abre insospechadas oportunidades no sólo para la ciencia, en las áreas de matemáticas avanzadas, computación, ingenierías de software e infraestructura de centros de datos y redes para el desarrollo del capital humano, sino que también para el resto de las actividades productivas.

“El Ministerio de Economía, a través del programa de astroinformática financiado por Corfo, observa que la asociación con la astronomía permitirá al país desarrollar capacidades para integrarse como actor relevante en data science, posibilitando la transferencia de conocimientos tanto para otras áreas como para la aplicación en sectores industriales”, explica el jefe del Departamento de Computación de ALMA, Jorge Ibsen.

De hecho, parte del sector privado ha visto en la astroinformática una oportunidad, especialmente compañías que en su modelo de negocios tienen una oferta orientada a trabajar con grandes volúmenes de datos, dice el vicepresidente ejecutivo de Corfo, Sebastián Sichel.

Es un potencial que han visto empresas de la talla de Microsoft, Telefónica y Google, que están desarrollando proyectos de astrodata en el país, y que también ha atraído al gigante Amazon, empresa con “un gran interés de ver la posibilidad de instalar un centro de cómputo que maneje iniciativas de Big Data. Argentina es un competidor en esta carrera, pero la diferencia que Chile pone sobre la mesa es, justamente, la astronomía”, dice Rodríguez.

La disciplina es un laboratorio de nuevas tecnologías, como la robótica, y constituye la mejor universidad para estudiar y aprender a manejar el Big Data, y formar capital humano de altísimo nivel, acota.

Algo que ya se puede observar en regiones como la de Coquimbo, donde se está realizando un benchmark en formación astroinformática, apostando a ser líderes en este tema. O lo que sucede en La Serena, que ya cuenta con un Data Science Summer School, financiado por la National Science Fundation de Estados Unidos. Los observatorios, sus telescopios e instrumentos son obras de ingeniería avanzada que requieren de trabajos y tecnología de todo tipo, acota el representante del European Southern Observatory (ESO) en Chile, Claudio Melo: desde un camino de acceso hasta una estrella artificial creada con rayos láser, pasando por generación de energía, instalación de fibra óptica, mecánica de precisión, metrología, procesamiento de datos.

“Es muy difícil que un país sea fuerte en todos estos ámbitos, por eso es que en la mayoría de los casos la colaboración entre universidades e institutos de investigación de varios países es fundamental”, especifica.

Detonante de innovación

En un mundo que está atravesando la llamada cuarta revolución industrial, y entendiendo que es a través de la astronomía donde se pueden desarrollar capacidades que sirvan a otras actividades económicas –la banca y el retail están ya invirtiendo en el desarrollo de data–, “Chile tiene que dirigir sus esfuerzos para abordar retos concretos en la adquisición, análisis, exploración, visualización, acceso y gobernanza de datos astronómicos para generar una capacidad útil para el sector productivo, fomentando hoy la economía digital del futuro”, plantea Sichel.

En esa línea hace un par de años se creó, en el Ministerio de Economía, un agente coordinador (Industry Liaison Officer) para conectar las oportunidades que ofrecen la instalación y operación de los nuevos telescopios con la industria nacional y los centros de investigación en ingeniería, electrónica y matemáticas de las universidades.

¿El objetivo? No sólo dotar a las instalaciones astronómicas de profesiones y expertise chilenas sino, especialmente, “utilizar al sector como un detonante de innovación en otros ámbitos del aparato productivo nacional”, argumenta Rodríguez. Infraestructura y sofisticada tecnología relacionada con aspectos electromecánicos, desarrollo de softwares e, incluso, tendido de cables de fibra óptica, son parte de las posibilidades que se abren. En el último lustro, por ejemplo, el 25% de los contratos de construcción y mantención del European Southern Observatory (ESO) ha sido adjudicado a empresas chilenas.

Cristián Pérez, gerente general de Conpax, empresa que ha participado en diversas etapas de la construcción de varios observatorios en el país, explica que las inversiones que conllevan dan trabajo a múltiples empresas chilenas en todo el ciclo de vida del proyecto. Al respecto, Miguel Roth, representante del GMTO en Chile, detalla que del costo total proyectado de este observatorio, entre US$ 200 millones y US$ 300 millones son de inversión directa en Chile en obras de infraestructura y civiles especializadas, en tanto que otras más complejas serán licitadas “y se invitará a compañías chilenas”.

Pérez añade que la instalación de estos gigantes astronómicos requiere construir y mantener caminos de acceso, instalaciones de apoyo, proveer servicios y, por supuesto, la construcción y montaje del observatorio mismo. Puntualmente el GMT, dice Roth, pretende usar el mayor número de empresas chilenas en su construcción.

“En operación, generará unos 120 puestos de trabajo directos en todos los ámbitos, desde astronómos, ingenieros y técnicos altamente especializados en áreas de ingeniería electrónica, mecánica, óptica, eléctrica y de computación, hasta trabajadores de sectores administrativos, logísticos y de transporte”, sostiene.

Próximos pasos

En esta materia, el país ya tiene el potencial humano científico, y la tecnología de punta ya está instalada o en vías de hacerlo, añade el director de Las Campanas Observatory, Leopoldo Infante. Lo que falta para que Chile se proyecte como un líder mundial en el área, Infante lo resume en tres aspectos: contar con un “gran” instituto nacional de astronomía, independiente de las universidades, y cuyo foco sea agregar valor a este recurso; un plan “realista” de transferencia tecnológica hacia la industria nacional, y regulaciones y normas que protejan nuestro recurso natural de la contaminación lumínica.

El presidente de Conicyt, Mario Hamuy, añade que el desafío es que otras áreas, como la ingeniería y la informática, se sumen a la gran oportunidad que da la presencia de los observatorios más avanzados del mundo en nuestro país.

“Hay que partir por tener una institucionalidad más robusta, luego definir una política nacional de desarrollo de la astronomía y tecnologías afines. A partir de allí, generar planes de acción público-privados”, sostiene.

Plataforma astronómica mundial

La política astronómica del país busca incentivar la instalación de grandes proyectos astronómicos en Chile, entre los cuales destaca:

– Tokyo Atacama Observatory (TAO), de la U. de Tokyo (Japón).

– Large Synoptic Survey Telescope (LSST), de la National Science Foundation (EE.UU.).

– Giant Magellan Telescope (GMT), liderado por un consorcio de universidades estadounidenses e instituciones de Australia y Corea.

– European Extremely Large Telescope (E-ELT), en el Cerro Armazores, Región de Antofagasta.

A esta lista, podría sumarse el proyecto Thirty Meter Telescope (TMT), liderado por Caltech y un grupo de universidades y fundaciones de EE.UU., además de Japón, China e India. Si se concreta, Chile llegaría a albergar cerca del 90% de las capacidades mundiales de observación,dice el embajador Gabriel Rodríguez, director de Energía, Ciencia y Tecnología e Innovación del Ministerio de Relaciones Exteriores, posicionando a nuestro país como “una Plataforma Astronómica Mundial”.

Un sitial sustentado, además, por una comunidad científica de excelencia, en la que recientemente han destacado dos personas: Paula Jofré, astrónoma y académica del Núcleo de Astronomía UDP, que este año fue seleccionada por la revista estadounidense Science News dentro de un grupo de 10 científicos de todo el mundo con el potencial de cambiar la ciencia en el futuro; y Maritza Soto, astrónoma que a sus 28 años ya ha descubierto tres planetas. El estudio de los dos últimos se publicó a fines de agosto en la revista de la Real Sociedad Astronómica de Londres.

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