Donde los Negocios se Juntan con la Conservación

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Los ojos rojos y cansados de Franco Valdés son una señal de que el negocio ha andado bien. Como gerente general de la firma con sede en Coyhaique Patagonia Sur, Valdés regresó hace poco de Estados Unidos donde presentó las virtudes de su negocio de conservación a posibles inversionistas.


Valdés y sus socios operan en la intersección altruista donde los ideales de empresa y conservación convergen. Al alinear incentivos económicos con prácticas de conservación en la Patagonia chilena, la empresa de riesgo compartido chileno-estadounidense espera crear un espacio para el desarrollo sustentable en la región.


“Creo que lo que hemos creado aquí es un concepto muy innovador y vanguardista para la conservación”, señala Valdés. “Nuestros clientes pueden decir ‘estoy haciendo lo correcto, pero al mismo tiempo esto es bueno para mi cartera’”.


Patagonia Sur une a un creciente movimiento de conservación en la Patagonia chilena, con su propio giro pro-lucro. En contraste con los modelos tradicionales de conservación que requieren donaciones periódicas para mantenerse a flote, Patagonia Sur promete a los inversionistas una rentabilidad financiera además de la protección del medio ambiente.


“El nuestro es un modelo sustentable que no sólo entrega recursos para el mantenimiento de terrenos, sino un saludable retorno para nuestros inversionistas”, afirma Valdés.


El concepto es unir a inversionistas chilenos e internacionales en la creación de un fondo de conservación de US$ 30 millones, que entonces compre diversas extensiones de tierra en la Patagonia chilena para proteger y desarrollar de manera sustentable.


Para lograr esta ambiciosa meta Patagonia Sur ha desarrollado tres divisiones de negocios: compensaciones de carbono, un servicio de eco-corretaje y un club de membresía. Los inversionistas, quienes pagan US$ 350.000 por acción, poseen los activos y la totalidad de los flujos provistos por el negocio.


“En lugar de donantes, tenemos inversionistas”, explica Warren Adams, empresario con estudios en Harvard y uno de los fundadores de Patagonia Sur.


“En lugar de donar US$ 1 millón para que se le dé un buen uso y que el donante reciba una deducción de impuestos, le damos un buen uso al dinero del inversionista y, en 10 años, le devolvemos US$2 millones”.


Hasta ahora la empresa ha recaudado cerca de US$ 20 millones, parte de los cuales se han invertido en su programa de bosques. Patagonia Sur plantará alrededor de 500.000 semilleros de árboles nativos en su propiedad de Valle California, en la provincia de Palena, con el objetivo de vender bonos de carbono en el futuro.


En los próximos 50 años cada árbol capturará entre 0,25 y 0,4 toneladas de carbono con los bonos de carbono avaluados en la actualidad en cerca de US$ 15 la tonelada.


En tanto, la división de eco-corretaje de la compañía intenta capitalizar la experiencia técnica que obtuvo mediante la adquisición y gestión de su propio portafolio de más de 60.000 acres para ayudar a compradores orientados a la conservación y que estén interesados en la Patagonia.


Se espera que los posibles postores compartan los valores básicos de la compañía y a cambio Patagonia Sur les cobra una comisión por acceder a su base de datos de tierras disponibles. Por una comisión adicional, la empresa también puede encargarse del mantenimiento de su tierra.


Por cada inversión, los inversionistas donan el cinco por ciento del capital a la fundación Patagonia Sur Foundation. Y, cuando un inversionista vende acciones, la fundación también recibe una parte de la ganancia.


La fundación, una corporación 501C sin fines de lucro en Estados Unidos que cuenta con una fundación hermana en Chile, espera recaudar cerca de US$ 25 millones para la investigación de conservación y el desarrollo económico de la Patagonia.


“Una razón por la que esto funciona es porque el precio de la tierra es increíblemente razonable, lo que le permite a uno comprar grandes extensiones de tierra y luego realizar cosas que son económicamente sustentables”, indicó Adams.


Y Adams conoce la Patagonia de primera mano. En 1996, fundó y desarrolló PlanetAll.com, uno de los primeros sitios de redes sociales y precursor de Facebook y Myspace. Adams lo vendió a Amazon.com en 1998 y un año después se embarcó en un largo viaje de mochilero con su esposa y un compañero del MBA de Harvard.


Como entusiastas excursionistas, recorrieron lo mejor que el mundo natural tiene para ofrecer, desde Alaska y los Himalayas hasta Nueva Zelanda y la Patagonia, y como la mayoría de la gente regresaron a casa, pero la Patagonia se metió en sus sueños.


“No me podía sacar a la Patagonia de la cabeza, era como Alaska con esteroides”, dice Adams.


Adams se mantuvo conectado con Chile como miembro del directorio de Tiaxa, empresa con sed en Santiago que presta servicios de facturación a operadores inalámbricos, fundada por el empresario chileno de tecnología Felipe Valdés.


Felipe y Steve Reifenberg -entonces director de la oficina de la Universidad de Harvard en Santiago, la primera oficina internacional de toda la universidad- compartían la pasión de Adams por la Patagonia. Creían que si podían unir a familias con el mismo pensamiento para comprar grandes extensiones de tierra ellos podrían protegerla de una manera sustentable y obtener una ganancia en el proceso.


“La parte de nuestros cerebros del MBA y la del ser amantes de la naturaleza hicieron clic”, afirma Adams.


Desde el principio el negocio fue pensado como una empresa de riesgo compartido chileno-estadounidense, con inversionistas locales e internacionales. En la actualidad, el 75 por ciento de sus inversionistas son internacionales.


Sin embargo, si el proyecto iba a tener éxito, necesitaría a alguien con la correcta combinación de perspicacia empresarial y capacidad para prosperar en el entorno de una localidad pequeña.


“No cualquiera prosperaría en Coyhaique”, comenta Adams sobre la fría ciudad patagónica localizada a 1.650 Km. al sur de Santiago. “Para que esto funcione es necesario que uno viva, respire y duerma en la Patagonia y no en una oficina en Santiago”.
 
En Franco Valdés encontraron a la persona indicada. Valdés se graduó como el mejor de su clase de MBA en la Leeds School of Business de la Universidad de Colorado y ya estaba familiarizado con la región, tras haber pasado dos años como guía del Lodge Explora en el Parque Nacional Torres del Paine.


Franco encabeza un equipo de 13 personas, quienes administran seis propiedades en la X y XI regiones de Chile (vea el mapa), las que entregan a los clientes una variedad de opciones de inversión.


La gran mayoría de las compras de tierra en la Patagonia, cerca de un 85 por ciento, se destina a conservación. La división de club de membresía ofrece a los miembros acceso exclusivo a prístinas áreas costeras de la empresa, valles atravesados por ríos, extensiones lacustres, volcanes, fiordos y bosques.


Para limitar la huella de carbono, la membresía está limitada a 100 familias a un valor de US$40.000 cada una, pero los inversionistas no están facultados de manera automática para acceder a ella.


“Eso no es distinto de lo que ocurriría si uno fuera inversionista de LAN Chile”, comenta Valdés. “Sólo porque uno posee acciones de LAN Chile no quiere decir que uno vuele gratis”.


Los fundadores de Patagonia Sur decidieron lanzar su negocio en la Patagonia chilena por una serie de razones; entre ellas, la estabilidad política y económica, y las leyes claras sobre la posesión de propiedades.


Sin embargo, la actual legislación chilena ha hecho poco por fomentar la conservación. La empresa está ayudando además para conseguir que se apruebe una legislación que replica la restricción a la conservación como funciona en Estados Unidos, donde los terratenientes tienen un vehículo legal para proteger de manera permanente sus tierras sin ceder la propiedad.


Si el modelo de financiamiento de conservación funciona, Valdés prevé que otros se unirán a la lucha y validarán el modelo. El objetivo final, no obstante, es la conservación de la Patagonia y eso requerirá una variedad de enfoques.


“En el futuro veo esta área convirtiéndose en un epicentro outdoor del mundo y a Patagonia Sur como un modelo de rol positivo en el financiamiento de la conservación”, concluyó Valdés.


Aaron Nelsen trabaja como periodista freelance en Santiago


 


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