Columna de opinión: Empresas Made in Chile: Un nuevo paradigma

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Si miramos hacia cualquier dirección detectaremos la presencia de marcas de multinacionales y empresas que ven a Chile como un país interesante para la comercialización y diversificación de su oferta de valor. Lo anterior demuestra el posicionamiento de nuestro país como un lugar interesante para el desarrollo de negocios gracias a su estabilidad financiera y política, y también producto de una institucionalidad que es reconocida a nivel mundial. ¿Y qué sucede con las empresas Made in Chile, aquellas que son 100% locales y que usualmente se originan de la mano de emprendedores con proyectos e ideas que el día de mañana podrían contribuir a la competitividad del país?

El mundo ha cambiado, ya que tenemos que enfrentar en forma permanente nuevas exigencias y necesidades. La forma en que trabajamos y nos comunicamos también se modificó en medio de una época de nuevos paradigmas y disrupciones. Por tal motivo, las empresas locales y, en especial, quienes recién están comenzando el desarrollo de nuevos negocios no pueden estar ajenos a determinados conceptos. Algunos de ellos son compliance, gobierno corporativo, transformación digital, ética corporativa, políticas de diversidad e inclusión, mercado laboral del futuro, inteligencia artificial, ciberseguridad, redes sociales, economía circular y el desarrollo de nuevos procesos de trabajo.

Las empresas chilenas están experimentando nuevos procesos de adaptación. Hoy, por ejemplo, se habla de la industria 5.0, es decir, aquellas organizaciones que se están preparando para la conformación de equipos entre seres humanos y robots. Este concepto considera otros desafíos como el envejecimiento de la sociedad y conflictos intergeneracionales, la necesidad de incorporar nuevas políticas de gobiernos corporativos que estén conectadas con las inquietudes de la sociedad civil y de empresas extranjeras. También incluye la visión sobre un mejor estándar de vida junto con espacios orientados a la promoción de la creatividad y el desarrollo de productos y servicios con altos estándares de calidad.

Chile está experimentando la revolución digital, pero la clave es mirar con ambición nuevos caminos, una meta que será realista en la medida que interioricemos las ideas y conceptos antes mencionados desde la génesis de los proyectos y emprendimientos. En las misiones que hemos liderado desde AmCham a Estados Unidos, he observado ecosistemas de negocio que son exitosos porque sus respectivos sustentos han sido planteados como parte de la evolución empresarial, la que está ligada a modelos de colaboración entre todos sus miembros.

Es cierto que este cambio de paradigma, esta nueva forma de plantear el desarrollo de empresas Made in Chile no es parte de una fórmula. Cada realidad es distinta y dinámica. Sin embargo, gran parte de este trabajo yace en la declaración de principios de los emprendedores del mañana. La conformación de las empresas exige procesos mucho más integrales en donde es esencial no pensar en límites, sino en un sinfín de oportunidades.

Desde otra óptica, las pymes chilenas también son parte de este fenómeno. Sus desafíos están estrechamente ligados a factores financieros, tecnológicos, el desarrollo de valor agregado, talento humano y la promoción de alianzas estratégicas. Según el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo, a través de la Cuarta Encuesta Longitudinal de Empresas (ELE-4) 2015-2016, las pymes generan el 40,6% del empleo. Es así que su desarrollo y estabilidad es esencial para la competitividad del país. El objetivo es que este tipo de empresas continúen creciendo a la par de un proceso de transformación flexible y que esté abierto a las futuras necesidades del mercado y sus continuos paradigmas.

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