Inmigración y trabajo: Los nuevos códigos de la productividad

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De ser el 2,6% de la población total del país en 2016, hoy los extranjeros representan el 6,7%, cifra compuesta en su mayoría por personas en plena edad laboral. Aunque se estima que este porcentaje debiera crecer al menos al doble para notar su impacto en el mercado del trabajo, sus efectos y su aporte innovador son notorios en empresas de servicios, comercio, turismo y tecnología, planteando al gobierno el desafío no menor de modernizar el actual marco normativo.

Por Constanza Garín

Al entrar al Centro de Salud Familiar (Cesfam) Padre Vicente Irarrázabal, en la comuna de Estación Central, se pueden apreciar diferentes señaléticas en creolé, la lengua criolla que se habla en Haití. Y así como en ese Cesfam, la iniciativa se repite en diversos establecimientos públicos de Chile gracias a una iniciativa del Ministerio de Salud que busca, por un lado, capacitar a sus funcionarios para que puedan atender a ciudadanos de este país y, por otro, para que ellos puedan sentirse integrados y más seguros al momento de requerir una atención médica.

Refleja también una de las tantas maneras en que nuestro país ha cambiado –y está cambiando– de la mano de los extranjeros que en los últimos años han llegado en gran número a estas tierras, principalmente desde Centro y Sudamérica: los haitianos, por ejemplo, constituyen la tercera comunidad más grande de inmigrantes, antecedidos por peruanos y venezolanos.

Hoy los extranjeros en Chile pasaron a representar el 2,6% de la población en 2016, al 6,7% según datos del Departamento de Extranjería y Migración (DEM) y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Son poco más de un millón 200 mil personas cuya presencia no sólo impacta en términos de la demanda por servicios de salud o educación, entre otros, sino que también en el ámbito laboral, donde cotidianamente interactuamos con ellos: el 60% de los inmigrantes tiene entre 20 y 39 años –plena edad laboral– y, de acuerdo con el subsecretario del Trabajo, Fernando Arab “tienen una participación de 81,3% en el mercado del trabajo, a diferencia del 58,3% de los chilenos. Es más, casi la mitad de quienes ingresan al sistema de cotizaciones es extranjera”.

Nuevos aires

Este nuevo contingente, ¿ha determinado cambios en las empresas? ¿Ha influido en la interiorización de nuevos estándares? ¿De qué manera el sector laboral está abordando a este flujo de nuevos trabajadores? ¿Cómo se podría calificar su impacto? Aunque la socióloga del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales, Sara Correa, aclara que para ver un efecto real sobre el mercado laboral, es necesario que los extranjeros representen al menos el 12% de la población total del país, sí reconoce que se pueden observar ciertos cambios gracias a la “frescura de ideas” que traen consigo.

En esta apreciación hay un consenso que respaldan informes como el de la Comisión Nacional de Productividad 2018, que dice que “se demostró que la migración está contribuyendo positivamente al crecimiento del país por su presencia en sectores asociados a la innovación, su concentración geográfica en zonas más productivas y su buen nivel de capital humano”. O el estudio de 2015 Why Diversity Matters, de McKinsey&Company, que argumenta que las compañías con mayor diversidad étnica presentan una probabilidad de rendimiento financiero 35% superior a la mediana de la industria.

Una línea que respalda la country manager de ManpowerGroup en Chile, Sara Smok, subrayando que para las empresas, capitalizar la riqueza de la diversidad no sólo se trata de responsabilidad social sino también de negocios, acotando que muchas ya han comprendido que por ese camino pueden “asegurar que sus negocios tengan espacio para desarrollarse y crecer de manera sustentable”.

Nuevas ideas y perspectivas. Innovación. Son los conceptos que más se repiten al momento de analizar los “impactos” de la inmigración en el sector laboral. Es más, las compañías que llevan adelante procesos de inclusión, “se vuelven más productivas e innovadoras”, afirma el presidente de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), Manuel Melero, acotando que los migrantes “elevan los estándares laborales de buenas prácticas” en las empresas.

En Itaú Chile, donde casi 10% de los nuevos ingresos de 2018 correspondió a colaboradores de más de 20 nacionalidades, así lo han entendido y su gerenta corporativa de Recursos Humanos, Marcela Jiménez, argumenta al respecto que “ambientes laborales diversos complementan visiones, fomentan la tolerancia, incentivan la innovación y nos permiten conectarnos mejor con los clientes y la sociedad en su conjunto, que también son diversos”.

El punto está en que los extranjeros, a juicio del socio líder de consultoría en Personas de EY, Juan Andrés Perry, aportan una “forma distinta” de trabajar y una “visión enriquecedora” que se basa en culturas y costumbres diferentes, lo que a su vez facilita la construcción de equipos de trabajo activos y comprometidos, añade Mónica Tobar, gerente de Recursos Humanos de Walmart Chile, empresa que ha contratado a 4.159 extranjeros -8,5% del total de colaboradores-, principalmente a peruanos, haitianos y venezolanos.

Es que el hecho de dejar el país de origen y a sus familias, apostando por un nuevo proyecto de vida en otro lugar, en el ámbito laboral se traduce en “esfuerzo, dedicación, originalidad e innovación para sacar proyectos adelante”, explica el director de Incidencia del Servicio Jesuitas a Migrantes (SJM), Juan Pablo Ramaciotti.

Con foco en los servicios

De acuerdo con la Encuesta Casen 2017, del Ministerio de Desarrollo Social, el 21,9% del total de inmigrantes está trabajando en el sector de servicios, seguido por inmobiliarias, empresariales y de alquiler (12,3%), y hogares privados con servicio doméstico (10,2%).

No es casualidad que el área de servicios concentre a la mayor parte de los extranjeros que trabaja en nuestro país. Una fuerte orientación hacia el segmento y su gentileza son parte de los atributos que destacan al interior de las compañías, junto con una actitud “comprometida y dispuesta” que se traduce en “responsabilidad, dedicación y alto nivel de flexibilidad”.

Características que además del mayor manejo de idiomas, ha impactado “de forma directa al propósito de nuestro negocio”, dice Ivan Mergudich, vicepresidente de Recursos Humanos y Asuntos Corporativos de Aramark Sudamérica, compañía cuyo equipo en Chile está compuesto por 13% de extranjeros.

En suma, se trata de formas de enfrentar los desafíos laborales que son específicamente valoradas por las empresas del comercio y turismo, dice Melero, “pues tienen impacto en la calidad y productividad del negocio”.

Pero no todo se resume a idiosincrasias diferentes. Una mayor preparación también influye: migrantes de 25 años o más tienen un total de 12,6 años de escolaridad promedio, a diferencia de los 11 años en promedio que tienen los chilenos, según el INE.

“Para ellos es difícil regularizar sus títulos profesionales, por lo que tenemos gente muy capacitada que se desempeña en trabajos con baja calificación. Ese factor puede hacer que los servicios se vean más profesionales y los chilenos se sientan mejor atendidos por migrantes”, explica Sara Correa, del ICSO.

Una realidad que ha tenido un correlato también en otros rubros. En este sentido, el informe Percepciones de Negocios del Banco Central correspondiente a mayo, observa una contratación cada vez más transversal de inmigrantes entre sectores, lo que en varios casos viene a cubrir vacantes que los chilenos no toman pero en otros, aporta mayores niveles de productividad. Como en la industria tecnológica, que ha debido captar profesionales extranjeros por un déficit de capital humano local que IDC ha calculado en cinco mil profesionales por año.

“Las empresas TI chilenas estén necesitando más profesionales que impulsen la transformación digital y por esta razón reclutan a extranjeros”, coincide Marco Terán, director de Desarrollo Digital en Fundación País Digital, mientras que Luis Fernando Martins, managing director de Hays Chile-Colombia, añade que ciertas tecnologías y procesos que están siendo implementados en el país, ya han sido tratados en otras regiones, por lo que la búsqueda de profesionales con esa experiencia “es fundamental”.

En Itaú Chile, por ejemplo, la mayor concentración de inmigrantes está en Operaciones y Calidad “pero proporcionalmente al tamaño del área, nuestros colaboradores extranjeros tienen mayor preponderancia en la de Tecnología, donde el 15% del equipo está formado por personas de otros países”, detalla Marcela Jiménez.

Lo que está pendiente

La incorporación de una fuerza laboral migrante, que se ha incrementado en poco tiempo en los últimos años, supone varios desafíos y esfuerzos por parte de las empresas. A nivel corporativo interno, la contratación de este segmento involucra todo un proceso de aprendizaje, pues requiere comprender las diferencias culturales y de formas de trabajo, apunta Karina Pérez, asssociate director de Robert Half. “Hay que entender las experiencias en otros contextos económicos, políticos y sociales para evaluar capacidades y aptitudes para el trabajo”, detalla.

Un camino que han seguido en Johnson& Johnson Chile, que no tiene una política interna específica de contratación de inmigrantes, ha sido capacitar a todos los reclutadores con un entrenamiento de “sesgo inconsciente, buscando eliminar prejuicios o preconceptos inconscientes durante las entrevistas”, explican en la empresa. En Walmart Chile han priorizado su programa de atracción de inmigrantes “Juntos somos Walmart Chile”, que además les entrega capacitaciones de español, modismos locales, legislación laboral, cultura chilena y funcionamiento del sistema de previsión y de salud, entre otros cursos. Adicionalmente, en su Semana de la Diversidad e Inclusión, “los colaboradores extranjeros nos enseñan aspectos claves de su cultura, lo que ha propiciado una mayor integración de todos los trabajadores”, explica Mónica Tobar.

No obstante estos avances, se estima que el principal reto está en la actualización de la normativa migrante, que data de 1975, la más antigua de la región. Esa “anacrónica” legislación resulta “ineficiente” en temas de inclusión laboral y constituye el “problema central”, a juicio del jefe del Departamento de Extranjería y Migración, Álvaro Bellolio: “Esa ley permite un monopolio de convalidación de títulos por parte de la Universidad de Chile, un centralismo extremo y posibilita el cambio de condición migratoria de turista a residente, lo que incentiva la irregularidad”.

Desde el gobierno son conscientes de que urge un cambio normativo. Arab reconoce que hay barreras culturales e idiomáticas que pueden provocar que los inmigrantes terminen en puestos de trabajo informales, de baja calidad o en donde no se respeten las disposiciones del Código del Trabajo.

Junto con ello, estas barreras impiden o retrasan la inserción social laboral y, para disminuir los efectos negativos de esta situación, “es necesario apoyar su vinculación con los mercados locales a través de la Oficina Municipal de Información Laboral (OMIL) y plataformas web de empleo que tengan las herramientas idiomáticas necesarias”.

Para el presidente de la CNC, las políticas públicas bien focalizadas sólo son posibles con información precisa, por lo que en su opinión es clave avanzar en la obtención de datos para hacer análisis más completos sobre la realidad laboral de los migrantes. “Nos preocupa su vulnerabilidad por no poder ser absorbidos por el mercado formal, y que terminen presos del comercio ilícito y de la informalidad”, aclara Melero.

En ese escenario, y en el contexto del Día del Trabajo el pasado 1 de mayo, el Servicio Jesuita Migrante le entregó al ministro del Trabajo, Nicolás Monckeberg, siete propuestas para la inclusión sociolaboral de este segmento, documento apoyado por gremios como la Sofofa, la Cámara Chilena de Construcción y la CNC.

Entre las propuestas está fortalecer la obtención de datos e impulsar más estudios sobre migración laboral; facilitar la contratación ampliando el límite de extranjeros por empresa a 50%; modernizar el sistema de convalidación de estudios; potenciar campañas informativas para prevenir el abuso laboral, y promover la formación permanente de trabajadores migrantes.

Ideas que junto con iniciativas de inclusión y capacitación –como las señaléticas en creolé– apuntan a aprovechar esa enorme diversidad que hoy está cambiando no sólo los colores de las ciudades del país, sino la forma en que se aborda el trabajo. Y con ello, nuestra productividad y competitividad.

Focos de atención

La socióloga de la Universidad Diego Portales, Sara Correa, plantea la necesidad de que las políticas públicas favorezcan la inmigración y faciliten el ingreso de los extranjeros al mercado local, atendiendo la baja en la natalidad. Según el informe 2016 de Estadísticas Vitales del INE, el número promedio de hijos por mujer descendió de 5,4 en 1960 a 1,7 en 2016, presentando valores por debajo de la tasa de reemplazo desde el año 2001. En algunos sectores, tal situación puede derivar en falta de mano de obra para labores específicas.

En el agro, por ejemplo, hace unos años “por falta de personal no se pudieron realizar ciertas labores clave, como cosechas de frutas. La incorporación de inmigrantes ha sido positiva desde ese punto de vista, aportando mayor dinamismo al mercado laboral agrícola”, dice el secretario general de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Juan Pablo Matte. En su sector, Matte identifica otros desafíos que urge resolver, como los “largos” plazos que existen en la tramitación de los documentos, aumentar la capacitación y procurar su contratación formal. “Gran parte de las tareas agrícolas tiene duración acotada; no puede ser que un permiso de trabajo provisorio demore cinco meses en ser otorgado”, dice Matte.

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